PROYECTOVINO

“En gustos se rompen…”

Por Araceli Velázquez Córdoba
jueves, 7 de marzo de 2019 · 00:00

“¿Y usted a qué se dedica?”. Me preguntó el chofer de un Uber que solicité la semana pasada, justo cuando terminó de contarme una historia de terror que acababa de vivir. Después de contestarle que llevo más de 6 años tratando de crear cultura del vino y su difusión, me dijo: “¡Que interesante! Yo jamás he probado vino, pero quiero hacerlo porque tengo familiares y conozco mucha gente que les gusta mucho. ¿Qué me recomienda para empezar?”. Me tomó por sorpresa la pregunta por venir de alguien de aproximadamente 40 años que jamás ha probado una copa de vino.

De pronto me sentí responsable de lo que mis siguientes palabras pudieran generar, positiva o negativamente. Es muy fácil caer en lugares comunes como “el mejor vino es el que te gusta”, “el mejor vino es el que hay”, “el mejor vino es el que te alcanza”, etc. Y se vale, pero independientemente que mi o mis sugerencias puedan tener valor y sustento, son simplemente un gusto aplicable exclusivamente a mí, a mi paladar y a mi experiencia o camino andado.

En los años que llevo en el mundo del vino, he ido aprendiendo que es imposible hacer una recomendación “para empezar a probar vino”, porque jamás se tendrá el mismo resultado de un caso a otro. Hay muchísimos factores que intervienen, además del gusto personal. Sugerirle a alguien que haga o pruebe por primera vez es una tarea muy delicada, ya que, por más experiencia y conocimiento que se tenga, se necesita además de mucho tacto, humildad y sobre todo, la capacidad de desligarse del gusto personal para ayudar desinteresadamente a quien nos pide nuestra opinión.

No imagino a ninguno de nuestros extraordinarios clavadistas triunfadores a nivel mundial, llegar de niños a su primer clase y que el instructor los aviente de la plataforma de 10 metros. Ningún piloto aviador hace su primer vuelo “solo” en un avión comercial. O algún músico, dar un concierto en un foro importante sin antes aprender el “do, re, mi”. Todo lleva un proceso, entendimiento y evolución.

Me he dado cuenta que siempre se nos olvida de donde venimos, el trabajo que nos costó lograr algo. Con esto me refiero a que damos por hecho que la gente que nos rodea tiene que saber el “ABC” de las cosas, en este caso del vino, ni nosotros perder la paciencia por ello. Nadie nació sabiendo, nadie es erudito en el tema, no todos tienen que estudiarlo, el vino es sólo una bebida, hay personas a las que nos entusiasma y queremos aprender más y más pero si a los demás no, no tenemos porque perder la humildad, al contrario, podemos tomar de la mano a quien lo desea, y emprender el camino.

No se si ya lo he dicho antes, pero mi primer logro en esta cuestión del vino de México, fue mi sobrino, el más grande, Alejandro tiene hoy 23 años y es un seguidor y amante del vino gracias a que me empecé a dedicar a esto y Él me acompañaba. En las pasadas vacaciones de diciembre se fue con sus amigos a Oregon y me sorprendió muchísimo que dedicó todo un día a visitar las Bodegas y Vinícolas de la zona, me mandó fotos y hasta comparativos de los sabores y aromas de los vinos estadounidenses con los mexicanos.

Y de aquí también puedo tocar el tema con el que empecé. Si cada quien es un mundo a la hora de pensar, de decidir, de argumentar o de escoger cosas en nuestra vida cotidiana, imagínense lo difícil que sería que a todos nos gustara la misma película, el mismo libro o el mismo vino.

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