DÍA DEL SEÑOR

I Domingo de Cuaresma Ciclo “C”

Por Padre Carlos Poma Henestrosa
sábado, 9 de marzo de 2019 · 00:14

“Conducido por el mismo Espíritu se internó en el desierto donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio” (Lc 4, 1-13)

El evangelio de hoy hace referencia a las tentaciones de Jesús en el desierto. Inmediatamente después de esto, Jesús comienza su ministerio en Galilea, y su camino sembrado de dificultades hasta llegar a su destino final (Jerusalén) donde lo espera la mayor prueba y humillación y su exaltación.

Este pasaje nos enseña también que las armas para vencer las tentaciones son la oración, el ayuno, no dialogar con la tentación, tener en los labios las palabras de Dios en la Escritura y poner la confianza en el Señor.

La lucha contra el Demonio y demás espíritus malignos es un combate espiritual, pero no por ser espiritual deja de ser real. Por el contrario, es una “real” batalla la que se libra entre las fuerzas del Mal (de Satanás) y las fuerzas del Bien (de Dios).

La Cuaresma, que comenzamos ya con el Miércoles de Ceniza, nos invita a prepararnos para esa lucha espiritual. ¿Cuáles son nuestras armas? Entre otros, los medios que nos ofrece la Iglesia en este tiempo cuaresmal: la oración, la penitencia, los ayunos, las limosnas, medios todos que nos ayudan a la conversión o cambio interior que requerimos para ir ganando este combate. Los ejercicios del ayuno como respuesta a la sensualidad, de la limosna para atajar la avaricia, y de la oración contra la autosuficiencia, quieren ayudarnos a desprendernos de lo que impide la acción de Dios en nosotros.

La Liturgia de Cuaresma se nos abre precisamente con la batalla espiritual que Cristo libró contra el Demonio después de haber pasado cuarenta días de ayuno y oración en el desierto, en preparación para su vida pública de predicación al pueblo de Israel, entregándose a la Voluntad del Padre, en una misión que en poco tiempo lo llevaría a la muerte.

Y ¿qué es el desierto? Según la Sagrada Escritura, el desierto es el sitio privilegiado para encontrarse con Dios, para dejarse transformar por El. Tal fue el caso del pueblo de Israel que vivió cuarenta años en el desierto. Y el desierto no sólo fue la travesía para llegar a la tierra prometida, sino también fue el sitio donde Yahvé fue moldeando al pueblo escogido para hacerlo depender sólo de Él.

La primera tentación es de poder, pero también de complacencia de los sentidos para consentir el cuerpo. No hay que sufrir, si con poder se puede aliviar cualquier cosa. Tentación también muy presente en nuestros días.

La segunda tentación fue de avaricia y poder temporal, por supuesto acompañada de su siempre presente mentira: “A mí me ha sido entregado todo el poder y la gloria de (todos los reinos de la tierra) y yo lo doy a quien quiero”. ¡A cuántos no ha engañado el demonio con esa mentira de ser el dueño de lo creado y de que si se le rinden y lo adoran a él, les dará lo que le pidan! La avaricia o búsqueda desordenada de riquezas y el apego a los bienes materiales es una tentación siempre presente. Sólo el apego a Dios, poniéndolo a El primero que todas las cosas nos protege de esta peligrosa tentación.

La tercera tentación fue de orgullo y soberbia, triunfo y gloria. Y en ésta sí se pasó de osado: tentó al mismo Dios con la Palabra de Dios. Le sugirió que se lanzara en pleno centro de Jerusalén de la parte más alta del Templo porque, de acuerdo a la Escritura, los Ángeles vendrían a rescatarlo.

Imaginemos lo que hubiera sucedido con un milagro así: Jesús se hubiera ganado la admiración y la aprobación de todo el mundo, hubiera sido diferente. Pero el camino señalado por el Padre era otro muy distinto: no de triunfos, sino por el contrario, humillaciones, ataques injustos, cruz y muerte.

¿Cómo oponernos a las tentaciones de orgullo y vanidad? El mejor remedio es practicar lo opuesto: la humildad.

Por ejemplo: no buscar posiciones con el fin de llegar a ser personas importantes, no hacer las cosas con el fin de procurar el reconocimiento de los demás.

Que Dios nos siga concediendo el don de la perseverancia para vencer todas las tentaciones, los bendiga acompañe y proteja siempre.

cpomah@yahoo.com

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