LA CARROCA

La fiesta

Por Soraya Valencia Mayoral*
sábado, 9 de marzo de 2019 · 00:12

¡Gloria a Dios en las alturas! Recogieron las basuras de mi calle… Después de varias semanas los vecinos del barrio escuchamos muy temprano el agradable bailoteo de los depósitos y el rugido del motor del camión recolector. Por Whatsapp y Facebook circularon los mensajes: “Camión de la basura del municipio por la calle X”. Durante el tiempo de espera la casa de mi difunto perro Trotter hizo las veces de contenedor, bien cubierto y a salvo de las aguas. Más a la hora de salir corriendo mal vestida y greñuda, eché de menos la energía de los veinte años. Los señores trabajadores del servicio de limpia pública, siempre tan amables, me ayudaron.

El problema de la basura, su recolección y destino es un drama mayúsculo en nuestra ciudad. No solo tiene que ver con la administración de los recursos destinados a este rubro, al crecimiento desordenado de la ciudad y demás, sino también con nuestros hábitos de consumo.

Personalmente trato de producir poca basura, evitar los plásticos inevitables, modificar inclusive el estilo de la alimentación y, además de bajar de peso, no he logrado un manejo medianamente aceptable de los residuos. La basura crece como una plaga y parece que no hay modo de controlarla.

Los horribles envases de agua, vasos, platos y todo lo el montón de productos desechables relacionados con el negocio de los alimentos, empaques, bolsas (que no han dejado de utilizarse), y un largo etcétera de porquerías de las que no podemos deshacernos. Así que pongamos nuestro granito de arena. De lo contrario ningún ayuntamiento, por muy eficiente que sea en su administración, podrá bajar dos rayitas a este problema. Y compré en el puesto de la calle, en Los Globos, el mercado sobre ruedas y negocios locales. No tema perder su estatus si no compra sus vegetales primorosamente presentados y refrigerados, de esos que después de tres meses se los encuentra intactos en el fondo de la caja de las verduras.

Y qué bien que se haya celebrado el carnaval en nuestro puerto. Como he dicho antes, la fiesta es un derecho. Y es importante que tengamos espacios abiertos para el jolgorio en donde no se niegue el derecho de acceso a ninguna persona y no se pidan boletos ni pulseras VIP. Un espacio donde “El noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano”, mágico y alegre como toda fiesta popular, sin exclusiones ni diferencias marcadas. En nuestra región y en la ciudad hay una gran cantidad de eventos -dirigidos a públicos específicos- asociados al vino, los pescados y mariscos, los quesos, la cerveza artesanal, por mencionar algunos. Inclusive la fiesta callejera, la verbena y algunos conciertos al aire libre son para determinados gustos. Ha de haber para todos. Pero el único festejo masivo, de puertas abiertas, es el carnaval. Como diría el Nano, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.

Por estos días se cumplen tres años de La Carroca. Gracias al periódico El Vigía por seguir publicando mis ocurrencias. Y a usted, sobre todo, por leerlas. Vale.

*La autora es mujer de letras sacras y profanas

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