ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

El dramatismo museográfico en el Museo Histórico Regional de Ensenada

Por Luis Gabriel Razo Castro*
jueves, 16 de mayo de 2019 · 00:00
Quizá alguno de ustedes habrá escuchado que el Instituto Nacional de Antropología e Historia está festejando 80 años de existencia, pretexto para efectuar revista de la responsabilidad los que tenemos la fortuna de laborar en éste. Tarea obligada es comunicar al público mediante las exhibiciones en los museos a lo largo y ancho del país el trabajo que día a día se realiza en sus diferentes áreas de investigación. La museología y la museografía son las disciplinas encargadas de dar forma a la información que se integrará en un espacio determinado, sin éstas, sería un tanto limitada la lógica de transmitir el mensaje pensado. Mediante textos, dioramas, maquetas, maniquíes, dibujos, fotografías, colores e iluminación se pretende controlar una secuencia narrativa hacia el visitante, para que vaya valorando el discurso. Para platicar un aspecto del tema museográfico me referiré a uno de los Maestros, Mario Vázquez Ruvalcaba; que junto con Iker Larrauri y Jorge Angulo colocaron la piedra angular de la museografía en México.

Tuve la fortuna de conocer a Don Mario Vázquez en el Museo Histórico Regional de Ensenada hace como 18 ó 19 años, y aunque fue un encuentro muy fugaz, era imposible no observar que era todo un personaje. Elogió el piso de piedra de canto rodado del museo, comentando que era ergonómico para los pies, contrario totalmente a las quejas que hasta ese momento yo había escuchado de la mayoría de los visitantes. Para fortuna de las quejas ya solo se conservan dos tercios del piso de piedra, y próximamente será todo plano.

Para Mario Vázquez la museografía es el medio por el cual se pueden destacar objetos para contar un relato de suspenso, un drama y un misterio. Desde su visión, la creación de atmósferas que impacten con el dominio de los claroscuros teatrales puede ser la diferencia en como la pieza en exhibición se transforma en el objeto que cuenta la historia, pero, sin entrar en detalles, sin acotar al visitante con institucionalismos pragmáticos, sino estimular múltiples desenlaces que el público puede construir en su imaginación.

Lo describía así: “Tuve un problema en particular con los investigadores, porque había heredado del teatro el uso de la luz. Usaba mucho la luz para iluminar los objetos, y la oscuridad y la penumbra para contrastarlos. Lo que ahora ven que son penumbras y la iluminación dirigida, es lo que hacíamos desde entonces, pero los investigadores querían luz plana, completa, como se usa en los museos europeos, para que se vean las cosas. Yo diría que las ves, pero no las miras. Las ves pero no les miras sus virtudes, sus cosas importantes. Entonces tienes muchos objetos en el museo, muchos, y no hay forma de enfatizarlos. Los ves, pero en montón. La luz enfatiza. El uso de la luz saca elementos para poner en valor a los objetos”.

En los museos a cargo del INAH en Baja California el manejo de la luz siempre fue un tema de jaloneo entre la dirección del centro y el área museográfica. Anteriormente a Julia Bendímez le satisfacían los espacios muy iluminados, era importante que toda la sala estuviera con mucha claridad para poder ver todo. En cuanto a las piezas, se ha podido destacar su presencia gracias al manejo de colores más contrastantes, pero no así por el drama de la iluminación.

Hoy en coincidencia con la celebración del INAH nos encontramos ante la oportunidad otorgarle por fin valor a los objetos.

*Custodio del Museo Histórico Regional de Ensenada

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