ATERRIZAJES

Las posesiones del cuerpo son eternas

Por Dr. Adán Echeverría
martes, 11 de junio de 2019 · 00:00

“Prefiero ser rey de mi silencio que esclavo de mis palabras”

William Shakespeare

 


No se trata de la fe ni de las religiones, no se trata de la pobreza o la falta de educación (el analfabeta como el doctor en ciencias o en letras puede actuar con la misma maldad), no se trata de la riqueza o de las modas. Se trata del poder. Del poder de un ser humano sobre otro ser humano.

No se trata de erotismo, sensualidad, deseo carnal, líbido, no es la perversión sexual ni lo alienta la pornografía. Se trata de abusar del más débil. Se trata de pasar encima del otro, del deseo del otro, de la libertad del otro, del apoderarse de su alma, de destruirlo por dentro para toda la vida, de generarle memorias y recuerdos infames para toda la vida.

El violador, el abusador sexual no está buscando satisfacer un deseo sexual, sino un deseo de poder y que este sea permanente en sus víctimas. Violan porque pueden, porque han visto la oportunidad, porque se fabrican la oportunidad.

Penetran a otra persona para que nunca sean olvidados por sus víctimas, para que jamás puedan sacarlos de su vida. Para que las vidas de las víctimas sean irrecuperables, pues cada noche, cada día, cada que cierren los ojos, cada que se presente un acto sexual, se sientan sucios, sucias, lastimados para el amor, para la entrega.

Violan a los niños y las niñas, a los bebés, porque los ven incapaces de defenderse. Se viola a los más débiles y se les viola por un ideal de posesión. Para sentirse dueños de sus cuerpos y de sus almas, de sus mentes y de sus sueños.

Todo se trata del deseo de poder, el deseo de destrucción del otro, que únicamente está validado por la fuerza, por la oportunidad y la fuerza. Abusan de mujeres y hombres dormidos, borrachos, solitarios, mujeres solas caminando por la calle, niños, niñas, ancianos, ancianas, alumnos, subalternos, alumnas, secretarias, becarios, becarias, homosexuales; violan en grupo, o solitariamente, y luego se esconden o matan, para no ser atrapados, atrapadas.

Todos los violadores son unos enfermos de poder. Y cuando ese poder te lo otorga el fanatismo, las violaciones se hacen multitudinarias. Se hacen en grande, violan a sus feligreses. Eso ocurre con quienes, desde una religión o secta, agrupación política, gremio social, se imponen con base en la fe y la creencia de sus feligreses. El poder de posesión se asoma en sus ojos, en sus sombras, conducen a los más débiles de sus feligreses, se rodean de servidores para que los ayuden, y reparten dinero entre sus congéneres para hacerlos cómplices.

Los niños y las niñas, los jóvenes tienen que recibir protección de parte del Estado mexicano, de parte de la sociedad mexicana. Debemos proteger a nuestros pequeños. Cada pequeño es aquel arco iris que fue anunciado en la escritura, como una nueva posibilidad para que la humanidad mejore. Robarles la inocencia, arrancarles la pureza y dejarles la marca de la penetración en sus mentes para toda la vida, es el peor acto y la humanidad no puede permitírselo. ¡¡¡Protejamos a los niños y a las niñas!!! No te quedes callado, denuncia a esas personas que abusan sexualmente de otras personas.
 

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