PROYECTOVINO

Las cosas por su nombre

Por Araceli Velázquez Córdoba
jueves, 11 de julio de 2019 · 00:10

“El primero que diga que va a volar avionetas, será expulsado. Porque ustedes están aquí para volar aviones”. Ésta es una de las frases que mi socio tiene tatuadas no sólo en su mente, sino en su esencia y en la manera que ve el mundo y a quienes a él lo rodean; y me dice que lo marcó desde que la escuchó de boca del capitán a cargo de la base donde estuvo adiestrándose y buscando su sueño.

La primera vez que le oí decir esto, honestamente no lo entendí o no lo percibí como ahora. Tal vez porque no le puse la atención debida a lo que me estaba comunicando o porque los momentos siempre son diferentes y a veces de manera errónea sólo ponemos atención a lo que creemos que coincide con nuestros pensamientos. Pero después de algún tiempo me atreví a preguntarle el por qué y su respuesta hizo que afortunadamente mi mente se abriera. “El capitán quería dejar claro que no debíamos de menospreciar los aviones en los que se nos iba a capacitar, y que con el sólo hecho de llamarlos avionetas le estábamos faltando el respeto a los aviones y a la profesión”.

En nuestro país se acostumbra mucho el uso de diminutivos para todo, algo que los que me conocen bien, saben que nunca me ha gustado y por lo tanto trato de evitarlo en la medida de lo posible. Desde “Mira que linda está esa niñita”, “Vamos por unos taquitos” hasta “A ver si el domingo se organiza una carnita asada con unos vinitos”. “Todo está deli”. No sé, siento que se le quita la esencia a la palabra en sí, le quita fuerza, según yo. Y aunque entiendo que muchas veces el diminutivo es usado por costumbre y no de forma despectiva, no deja de molestarme.

Como en el caso de los aviones que se fabrican de diferentes tamaños y todos siguen siendo aviones, en la industria vinícola se elaboran vinos con producciones que van desde muy limitadas hasta masivas. Desde muy malos hasta extraordinarios, pero eso es cosa aparte y prefiero dejársela a los expertos. Con gran trayectoria, fama y reconocimientos hasta nuevos lanzamientos que empiezan a darse a conocer entre nosotros los consumidores. Pero gracias a todo el trabajo que hay detrás de cada uno de ellos, nos guste el resultado o no, se han ganado a pulso el derecho de que los llamemos Vinos, con toda la extensión de la palabra y repito, no es que lo digan en forma despectiva o tratando de menospreciar, sino que suena a “poco”, y bueno, es del conocimiento de todos que de alguna forma estamos o participamos en esta industria, que en ella nada se relaciona con ese adjetivo “poco”.

Sin mencionar la inversión económica (que es muy grande), todo es basto. La paciencia para cuidar todo el año una planta que esperas que florezca bien y así lograr cosechar lo mejor de ella y después poder llegar al objetivo de crear vino, la educación, la dedicación, las manos que trabajan en el campo, la esperanza puesta en el clima, las herramientas, la sabiduría, las decisiones, en fin, todo es muy grande y muy específico. El trabajo que conlleva el lograr que después de los 365 días tengas en las manos un producto terminado que además, hasta que lo pruebas puedes crearle un camino real, como el encontrarle un nombre, una imagen y un concepto esperando que le guste al consumidor. En fin, demasiado esfuerzo como para aunque sea de cariño, se le llame vinito.

Nos leemos la próxima semana y aprovechando el tema de hoy, les digo con mucho cariño “adiosito”.

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