DÍA DE SEÑOR

XVI Domingo Tiempo Ordinario Ciclo C

Por Padre Carlos Poma Henestrosa
sábado, 20 de julio de 2019 · 00:00

“Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”
Lc 10, 38-42


En el Evangelio de hoy, Marta está muy atareada con los quehaceres domésticos, mientras su hermana María se encuentra a los pies del Señor escuchando su Palabra.

Marta representa el prototipo de la actividad y María el de la oración... podríamos preguntarnos: ¿qué significa esta respuesta del Señor? La respuesta que el Señor dio a Marta, nos dice también a nosotros lo mismo: que nos preocupamos por muchas cosas que realmente no son necesarias y nos perdemos de la mejor parte, necesitamos darnos cuenta de que no somos nosotros quienes llevamos las riendas de nuestra vida: es Dios quien las lleva.

Pero desgraciadamente andamos como Marta, sólo ocupados en la actividad, y se nos hace imposible llevar una relación íntima con el Señor, se nos hace imposible estar atentos a su Voz en la oración. Si andamos ocupados y preocupados sólo en la actividad, no tenemos tiempo para la oración.

En la oración, se busca al Señor para servirle en lo que Él desea, esa oración que es asidua, que es diaria, en esa oración, Dios nos muestra su Voluntad, y saber qué desea Él de nosotros.

Además, en la oración, Dios nos da la fortaleza para cumplir su Voluntad, nos da también la entrega para aceptarla y, además, nos da la paciencia para saber esperar el momento de su Voluntad.

La oración nos lleva a la verdadera acción: la acción que desea el Señor de nosotros; no la que nosotros nos buscamos o nos inventamos, que casi nunca coincide con la que Dios quiere de nosotros.

En este pasaje se da, el balance entre María y Marta; es decir, el balance entre la oración y la acción. La acción como fruto de la oración. En la actividad apostólica podemos equivocarnos, confundiendo nuestros propios caminos con los Caminos del Señor, pensando que ya sabemos cuál es el Camino, sin antes haber pasado, como María, la hermana de Marta, muchas horas “a los pies del Señor”, para que Él nos indique qué desea de nosotros.

La actitud de Jesús hacia María más que de regaño es una invitación a que se centre, a que recupere lo esencial: la escucha del maestro. Le invita a escoger la mejor parte, y única. También nosotros, los cristianos, podemos caer en el activismo, en la misma trampa que Marta; podemos querer servir al Señor y no escucharlo; podemos pensar que nuestro trabajo es lo mejor y juzgar a los demás, porque no actúan como nosotros.

María nos enseña la actitud del verdadero discípulo: sentarnos a los pies de Jesús para escuchar su palabra. María se sentó para escuchar, dio preferencia a lo que realmente merecía la pena: oír la palabra de vida eterna. María tuvo en sus manos el escoger entre ser partícipe de la preocupación de Marta o sentarse a los pies de Cristo y aprender del maestro. Con esta actitud nos habla de la importancia que da a Jesús. No hace nada, simplemente mira y escucha al Señor. El verdadero discípulo primero escucha a Jesús. La fuente del discipulado está en escuchar a Jesús; de esta escucha debe nacer todo lo demás.

El verdadero discípulo escucha a Jesús, sin menospreciar la labor de Marta que también es necesaria. Invitándonos siempre al equilibrio entre la escucha de la Palabra, que se debe palpar en una acción de servicio. La mayor prioridad en nuestras vidas debe ser escoger la parte buena, como lo hizo María: aprender de Jesús para que podamos llegar a ser como Él.

Si Jesús entrara en nuestra casa, en mi casa, ¿qué actitud tomaríamos, la de Marta o la de María? ¿Cómo es posible que tanta gente que se llama cristiana, no valore la Palabra de Dios y no le importe llegar a misa?

Que Dios los bendiga, acompañe y proteja siempre.

cpomah@yahoo.com

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