ESCÉNICA

Ahorros y eternidad

Por José Alfonso Jiménez Moreno
miércoles, 14 de agosto de 2019 · 00:00

En la vida humana contemporánea, el ahorro es altamente valorado. Desde que el Estado empezó a renunciar a su responsabilidad de hacerse cargo de las necesidades económicas de las personas en su vejez, las generaciones actuales empiezan a considerar cada vez más al ahorro como un elemento importantísimo en la vida.
Pensamos en el ahorro como posibilidad de nuestro futuro. Frente a un panorama lleno de inestabilidad y nada prometedor, las nuevas generaciones se ven en la necesidad forzada de pensar en un futuro con un panorama desolador. No es que antes no se pensara, solo que ahora resulta inevitable saber que el futuro laboral y económico está definido por la incertidumbre, lo inestable y, a veces, por lo inexistente.
Según Óscar de la Borbolla, en su libro “Filosofía para inconformes”, la muerte se ríe de nuestros ahorros. Y es que, en esta vida contemporánea, en la cual la inestabilidad es la única certeza, valoramos el ahorro -al menos el económico- como la póliza de seguro de la posibilidad de un futuro. Esto puede ponerse en duda.
La estabilidad que el Estado ofrecía anteriormente, con jubilaciones aseguradas, anteponía un velo de ingenuidad a nuestros padres y abuelos, en el que se juzgaba a la vida y a la muerte como algo posible de domar; como la posibilidad de dar perpetuidad al trabajo, al ahorro y, si era posible, pasarlo a sus vástagos.
La realidad es que los ahorros no permiten asegurar nada de nada. Un día usted y yo vamos a morir. Nuestros ahorros no significarán nada, más que la ingenuidad de pensarnos estables en la vida. En la vida contemporánea, las actuales generaciones viven estampados en la pared de la realidad de la imposibilidad de futuro. Se les crítica por adherirse a modas efímeras (como los famosos “challenges” en redes sociales), por no tomarse la vida en serio, por no tener compromisos. Tal vez sea la forma cultural de hacer frente a la vida inestable, a la muerte inevitable, al darse cuenta que uno es dueño de nada.
También creo, en lo personal, que el ahorro está sobrevalorado, no por el dinero en sí, que sí es útil en la vida, sino porque el concepto que le subyace: la estabilidad y la eternidad de nuestras acciones; lo cual sí me parece ampliamente ingenuo. Ni el ahorro, ni las pólizas de seguro, ni las AFORE, ni nada similar, nos ofrece eternidad o estabilidad en sí; sin embargo, lo que sí nos dan son una ilusión de que ello existe, que, para la vida contemporánea, es un lastimoso salvavidas bien eficiente.

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