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Incéndialo todo... y rapidito

Por Jorge A. Meléndez
miércoles, 14 de agosto de 2019 · 00:00

“Aplicaremos rápido, muy rápido, los cambios políticos y sociales para que si en el futuro nuestros adversarios nos vencen, les cueste mucho trabajo dar marcha atrás a lo que consigamos”.
Así nos lo advirtió Andrés Manuel en su discurso de toma de posesión. Y así ha sido. Reléalo y verá que está haciendo tooodo lo prometido. Una destrucción total e irracional de lo construido en el pasado. Su terquedad ideológica lo ciega. Incendia lo bueno junto con lo malo.
La 4T cae en un error común de la vida y los negocios.
“Para solucionar un problema, primero asegúrate que lo estás solucionando. Cuando las acciones a seguir no son obvias o el problema es difícil, es muy fácil creer que hay que hacer algo. Nos convencemos de que el movimiento es mejor que la inacción”.
Una fantástica reflexión de Shane Parrish. El autor del blog “Farnam Street” explica que el movimiento crea la ilusión de progresar.
“Pero confundir movimiento con resultados muchas veces empeora la situación”, concluye.
Totalmente de acuerdo. Quizá lo haya visto en su empresa. ¿Y sabe cuándo la ilusión del movimiento es más peligrosa? Cuando existe una crisis, una emergencia. Cuando parar parece una locura.
Exactamente lo que sucede con la 4T. Están felices y orgullosos porque se mueven ante los graves retos de México. Sienten que progresan mucho porque queman todo rapidito.
Craso error. Los problemas complejos y añejos no tienen soluciones fáciles y rápidas. Pensar lo contrario terminará empeorando todo.
Es al revés: el avance gradual en el tiempo es un arma sólida de progreso comprobado a nivel personal, empresarial y hasta en las naciones.
Quizá el ejemplo moderno más dramático del impacto de la mejora continua es la transformación de Japón en potencia tras su destrucción en la Segunda Guerra Mundial.
La economía y las empresas se transformaron con el Kaizen, un vocablo formado con dos palabras: Kai (cambio) y Zen (bien). Mejora continua, triunfar gradualmente.
El Kaizen es un método inspirado en los principios de W. Edwards Deming, el pionero del control estadístico de procesos para mejorar la calidad total de una organización.
“Kaizen es mejorar todos los días, es que todos mejoren y es mejorar en todos lados”, explica Masaaki Imai un experto en Kaizen (vea un video en nuestros sitios).
A diferencia del enfoque disruptivo de innovaciones súbitas (relea “¡Destruya su negocio!”), con el Kaizen las mejoras son pequeñas, continuas y poco espectaculares. El cambio involucra a todos, aprovecha los procesos actuales y requiere poca inversión.
Es un buen método para tiempos de austeridad, cuándo es difícil invertir en tecnologías disruptivas. Un gran ejemplo de su uso es Toyota, que a finales de la Segunda Guerra Mundial estaba en ruinas.
Pero a inicios de los 50, Eiji Toyoda visitó las plantas de Ford en Michigan. Quedó impresionado por las operaciones, pero también notó problemas de desperdicio y calidad.
Regresó a Japón y creó el “Sistema de Producción Toyota” con 14 principios para producir con calidad.
Su éxito es evidente. Cuando Toyoda visitó Ford, su armadora había producido 2,500 vehículos en toda su historia; ¡Ford armaba 8,500 diarios! El año pasado Toyota produjo 10.6 millones de vehículos, 77% más que Ford.
De acuerdo a Imai, el Kaizen es guiado por 4 principios básicos:

  • Buenos procesos conllevan buenos resultados.
  • Involucramiento: hay que ir a ver. Que no le platiquen.
  • Hablar con datos, administrar con hechos.
  • Contener y corregir causas raíz de problemas.

Excelentes. Es cierto que en la era de la disrupción la tecnología permite a las empresas dar saltos cuánticos. Pero no hay que subestimar el poder del avance gradual en el tiempo.
Anótelos, quizá estos conceptos le sirvan en su compañía.
Pero donde son vitales es en la 4T. No existen atajos mágicos por más buenas intenciones que se tengan.
Para que México salga del hoyo, se requieren buenas ideas, una ejecución ingenieril y tomar paciencia. No hay de otra.

En pocas palabras...
“Estar ocupado no es suficiente; las hormigas lo están. La pregunta es: ¿en qué te estás ocupando?”.
Henry David Thoreau, escritor estadounidense.

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Twitter: @jorgemelendez

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