PROYECTOVINO

“Por amor al arte”

Por Araceli Velázquez Córdoba
jueves, 12 de septiembre de 2019 · 00:00
Como les he comentado en otras ocasiones, yo vengo de una familia muy futbolera, a veces demasiado. Mi abuelo Miguel, fue a 10 mundiales, desde el mundial de Suiza en 1958 hasta el de Estados Unidos en 1994, mi papá lo acompañó a 6 de ellos. Me imagino se gastaban un dineral, pero la satisfacción de estar allá y seguir a la selección, no tenía precio y de paso conocer lugares, otras culturas y compartir la increíble experiencia. Aunque nuestro equipo jugara como nunca para perder como siempre. A la fecha, mi familia juzga severamente a todos aquellos jugadores, que por dinero o conveniencia, hacen un lado el “amor a la camiseta” y se venden al mejor postor. Hace unos días, mi socio me platicaba de cuando iba al supermercado con su mamá y su hermano menor. A “el gordo” como le decían (porque ya no es) se le antojaba cuanto veía en cualquier pasillo de la tienda, sobre todo en la sección de dulces o juguetes y se quería llevar todo. Su madre, siempre cuidando el presupuesto familiar, no podía llenar el carrito con todo lo que le pedía, pero terminaba cumpliéndole una o dos de sus peticiones. Para ser equitativa, le preguntaba a Jorge, mi socio, “¿Y tú que quieres?”, y él le respondía “Nada mami, no gastes. Con lo que llevamos está bien”. No puedo asegurar que sea verídica esa historia. Lo que sí les puedo asegurar, es que me hizo click con muchas cosas.

Ya saben, inicié en esto del vino sin saber absolutamente nada, sin grandes expectativas. Me enamoré de inmediato, quise aprender y contribuir al crecimiento de esta industria. Con recursos propios, nunca pidiendo favores o retribuciones, trato de hacer todo lo que puedo para que así sea. Viajo, asisto a eventos, investigo y comparto en diferentes medios todo lo que considero puede aportar a que la gente se acerque de verdad al vino y no espante con términos “sofisiticados” y muchas veces incomprendidos por la mayoría de las personas. Pero aunque reciba invitaciones a eventos muy importantes para la industria y quiera asistir, no hay fortuna que alcance para poder estar en todos.

Es sumamente frustrante ver que algunas empresas creen que invertir en pagar todos los gastos de un “famoso/a o influencer” para que publique una “selfie” de sus eventos les es más redituable que una nota o artículo que resalte lo que verdaderamente buscan. Pero por otro lado, me llena de orgullo nunca haber pedido algo, no ser una vendida o “canapera” (como se les conoce a aquellos que sólo son reconocidos como para llenar eventos en donde se acaban los vinos y los canapés) y como dice un muy amigo mío, orgullosa de haber pagado todos mis vinos.

El “amor al arte” es algo que sólo los que se respetan así mismos y a quienes se dirigen pueden entender. He visto innumerables personas utilizando el hashtag “I love my job” y hay quienes si pueden usarlo siempre, digamos que por el simple hecho de que -trabajan- pero hay muchas otras que no lo hacen. Están los que se hacen amigos en las redes sociales de las personalidades del vino reales, como enólogos, periodistas o dueños de vinícolas, pero que en realidad nunca han hablado con ellos o personas que “se dedican” a esto pero lo que en realidad les gusta es alimentar su ego, en muchísimas ocasiones me he encontrado con gente que súper pesada que se cree parido por el mismísimo Dios Baco, sin entender que en esta industria es todo lo contrario. Todo se lo debemos al campo. En fin, esta columna fue inspirada no por uno sino por muchos de los que llenan este sector de sabiduría inventada, de egos sin fundamento alguno y arrogancias baratas para ver si alguno se identifica y por lo menos cambia la visión de lo realmente importante, amar y respetar lo que uno hace, y con quien y como lo hace por lo menos por amor al arte.

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