DESDE EL VIGÍA

Humanidad dividida

Por Editorial El Vigía
viernes, 6 de noviembre de 2020 · 01:54

La elección presidencial de Estados Unidos celebrada el martes pasado, no sólo fue la más concurrida de su historia, sino también la de resultados más cerrados, que refleja la profunda división que existe entre los ciudadanos de la nación más poderosa del mundo, donde los niveles de confrontación social se incrementaron debido a la pérdida de calidad de vida en las zonas urbanas y rurales.

Y ese enojo no es privativo de la sociedad norteamericana, porque en el resto de los países se observa un comportamiento similar, que ahora se exacerbó por la pandemia del Covid-19, que paralizó la economía del planeta y alteró todas las cadenas de producción, además de trastornar la normalidad a la que estábamos habituados.

El comportamiento de los votantes de la Unión Americana, que a partir de 2016 ya advertían lo que se confirmó hace dos días, otra vez pone en evidencia la fragilidad de las instituciones democráticas cuando los problemas y rezagos que padece el grueso de la población no se resuelven, porque de nada sirve tener un sistema electoral altamente confiable, cuando los gobernantes que emanan de los comicios no se concentran en buscar el bienestar de quienes presumen representar.

Por tal motivo, en la medida que la polarización alimenta el nacionalismo, favorece las políticas económicas proteccionistas, fomenta la discriminación y allana el camino al poder a los políticos populistas con ideologías radicales, ya sea de izquierda o de derecha, el ánimo de la gente empeora por sentirse en un ambiente de confusión, desorden e incertidumbre, que es un escenario de miedo ideal para los candidatos con discursos incendiarios.

Es por eso que las carencias sociales no se van a solucionar con reformar únicamente la legislación electoral, sino modificando la forma de operar de los partidos políticos, cuyos dirigentes reciben millonarios privilegios, pero no tienen la voluntad de democratizar su actividad interna.

Urge entonces una ley de partidos, que rompa con sus vicios, corruptelas y actitudes facciosas, de lo contrario la simulación electoral que prevalece terminará de alejar a los ciudadanos de las urnas, o bien, llegarán a la casilla a sufragar con emociones negativas y no con base en una reflexión razonada.

El desempeño de los partidos y el ejercicio del poder público se deben profesionalizar, para crear un filtro que no permita que personajes como Donald Trump se conviertan en el mandatario del país más influyente del orbe.

No es fácil lograr la unidad y generar consensos ante tales circunstancias, pero se debe promover un discurso conciliador sustentado en los derechos humanos y en el fortalecimiento de los principios democráticos.

Lo que pasa es Estados Unidos es un aviso de que la nueva normalidad no llegará con gobernantes autoritarios y populistas.
 

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