CRÍTICA DE LA RAZÓN CÍNICA

La muerte es sólo el sueño de una noche de teatro

En memoria de la actriz Natalia Arroyo Por Rael Salvador
viernes, 6 de noviembre de 2020 · 01:54


La luz del escenario se diluye… y en el recorrido por el proscenio, iniciado con la pierna de fondo –en posición diagonal, como dicta el manual–, la burbuja luminiscente de la luna (el “seguidor”) te abriga con su niebla cálida: tú sonríes, la elegancia del bolso, al toc-toc de tus caderas, se arremolina en el brillo de sus cadenas –tacones y vestido ajustado de gringa, ¡luces imperdonable!– y tu cabellera dorada echa chispas de belleza, para que el temblor perceptible de las bambalinas haga maullar el paso de los gatos.

Es el estreno de “Los vendidos”, libreto de Luis Valdez y dirigida por Ignacio Enciso –más adelante, después de la realización cinematográfica de “La Bamba”, Jacobo De (seudónimo del dramaturgo Rodolfo Alcaraz) se entrevistaría con él y montaríamos “La muñeca de trapo” de Bertolt Brecht, así como tus reconocidas actuaciones con Natalia Badán, Julia Marichal, Virginia Hernández, Fernando Rodríguez Rojero, I. Manteca, Carlos Pérez, Manuel Ramírez y otros– y tus compañeros del

Taller de Teatro de Extensión Universitaria (UABC), Miguel Peñaloza, Luis García, Manuel Ríos (El Monito), Juanito López y yo, nos encontramos en las “piernas”, con el telón raído a medio caer, listos para abordar el pie de tu parlamento.

Es el año de 1984 y el Teatro de la Ciudad está a tres cuartas partes de rentar su vacío al aire, mas si hubiese un solo espectador, tu sonrisa y tu entrega sería la misma, pues naciste para la actuación: ¡Para entregar el maravilloso fuego de tu temple y la determinación escénica de una actriz siempre presente! ¡Diva rigurosa!

Cálida en la amistad de los camerinos, siempre amable, compartiendo dones y consejos, memoria aguda –¡joya que hacía himnos de los libretos!– que fue parte de la calidad de tus representaciones.

¡Necesitarás a tu equipo, lo sé! A Nadia, a Xóchitl, a Manuel, a Jacobo, al “Nacho”, a Botello, Carlos Mix, a los muchachos de “Kiss Kiraly”, al profesor Domingo Bañaga… y a tu poeta, el escenógrafo de tintes surrealistas –“¿Quién te crees, para torcer estas maderas?”, me decías–, que poetizó las líneas de tu discurso, a petición de quienes te dirigieron en las escenificaciones de “La muñeca de trapo”, la sartreana “A puerta cerrada”, “Los vendidos” y “El alto y el bajo” (obra de Agustín del Rosario, que abría con “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, mientras llovían los astros del poema sinfónico de Richard Strauss, “Así habló Zaratustra”), “El llano en llamas”, “Un cuento de Navidad”, con las que recorrimos el Estado y volamos a un serie de representaciones –¡inolvidables!– a Isla de Cedros, con apoyo de la Dirección de Asuntos Culturales (DAC), coordinada en aquel ayer por Óscar de los Santos (y su agrupación teatral Garrick).

Virginia Hernández recuerda que fuiste pionera del teatro universitario y, en los años 90, integraste el Taller Universitario de Teatro de Ensenada de la UABC, participando en obras como “Isabel viendo llover en Macondo”, “Pingüica”, “Viaje al país de la armonía”, “María o la sumisión”, “La boda”, entre otras, y compartiste escenario con Rodrigo Carrillo, Alejandro Castro, Saraluz García Galván, Pita Domínguez, Alfonso Vera, Javier Vallesteros Ruiz y muchos más compañeros del gremio…

Querida Natalia Arroyo, sé que me estarás esperando en el camerino (después de filmar –en formato Super 8– algunas tomas de mi película “Éxtasis del falso festín” y asistir al curso de maquillaje con Alejandro Keys, para luego ir a ver a Ofelia y a Lucía Guilmaín o “El diario de un loco”, en la magistral adaptación y actuación de Carlos Ancira). Pero déjame decirte: ¡Llegaré un poquito tarde! Discúlpame… con esa paz y esa sonrisa que solías hacerlo.

Natasha, hace unos días me llegó la noticia de tu contrato reciente: la gloria de la Muerte pone a tu disposición el gran escenario… ¿Mariposas en el estómago? ¡Tú puedes! ¡Mucha Suerte!

¡La muerte es sólo el sueño de una noche de teatro!

raelart@hotmail.com

 

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