DÍA DEL SEÑOR

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A (Mt 25, 1-13)

“Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora” Por Carlos Poma Henostroza
sábado, 7 de noviembre de 2020 · 00:49

Ya estamos llegando casi al final del año litúrgico, y el evangelio de este domingo nos habla de la vuelta de Cristo resucitado, que volverá como novio para el festín de bodas al final de nuestra vida. La parábola se sirve de las costumbres con que se celebraban las bodas de aquellos tiempos para exhortarnos a vivir vigilantes, a estar preparados para cuando el Señor nos llame, porque el Señor llega y llegara a la hora que menos pensemos.

Con esta parábola el evangelista escenifica la doble postura que podemos adoptar ante Dios: la vigilancia activa o la despreocupación. El evangelio resalta la importancia de estar vigilantes y nos amonesta sobre las consecuencias del comportamiento inadecuado y desobediente.

Una vez que Cristo haya llegado, ya no tendremos nuevas oportunidades para prepararnos para la fiesta, será muy tarde para pedir misericordia y llenar nuestras ánforas de buenas obras. El encuentro con Dios no se improvisa, es algo que debe recorrer toda nuestra vida. Querer presentarse ante Dios con las manos vacías, por mucho que llamemos o gritemos, es una insensatez y todos seremos juzgados por la respuesta que hayamos dado a las necesidades humanas.

Cuando llegamos a este mundo Dios dio a cada uno una lámpara para que la llenemos de coherencia y de buenas obras. Y la hora es siempre, cada momento. Las vírgenes necias, en el momento crucial de su vida, se dieron cuenta de que tenían vacías sus lámparas y no pudieron improvisar el aceite.

¿De qué están llenas nuestras lámparas, nuestra vida? Tenemos que ser conscientes de que en el momento decisivo de nuestra vida no podemos improvisar ni comprar lo que debiéramos haber hecho, día a día, a lo largo de nuestra vida. Velar no es pasividad sino acción y actitud. Hay que cosas que nadie puede hacer por nosotros.

Todos somos invitados a la boda, pero tenemos que llevar el aceite. Nuestra lámpara estará llena si hemos amado, si hemos dado de comer, si hemos visitado al enfermo, etc.

Según esta parábola de las vírgenes necias, la virtud de la prudencia también incluye la previsión y la vigilancia. Por eso el Señor cierra su relato con la siguiente advertencia: “Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.

En este domingo en el que el Señor nos llama a la sensatez. Debemos estar en vela, preguntándole a Dios qué quiere de mí, y de esa forma evitar a conciencia que mi lámpara nunca se apague.

Pidamos al Señor que nos de la valentía suficiente para mantener encendidas nuestras lámparas, y poder dar un poco de luz a nuestro alrededor. Se lo pedimos con la humildad de siempre, reconociendo las veces que más que luz transmitimos oscuridad por nuestra forma de ser y de actuar. Que nos haga cambiar.

Que la misericordia de Dios nos bendiga, acompañe y proteja siempre.

cpomah@yahoo.com

 

 

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