DESDE HOLANDA

Tres semanas

Por Dianeth Pérez Arreola
miércoles, 1 de abril de 2020 · 00:00

En Holanda estamos ya en la tercera semana de cuarentena. Debo decir que el encierro empieza a debilitar mi optimismo y ahora entiendo la recomendación del ayuno de noticias sobre el coronavirus.

El sábado pasaron por televisión un programa donde exponían el caso de un señor de 82 años al que su médico llamó por teléfono para informarle, no preguntarle su opinión como habían dicho desde hacía semanas, que en caso de que se contagiara por coronavirus no podría ir a un hospital y tendría que quedarse en su casa.

-Y si necesito ayuda para respirar, ¿me traerán un aparato a casa? Preguntó. “No, no. Se quedaría en casa. No puede ir al hospital. Siento mucho decirle esto” respondió el médico. En ese momento no pude evitar pensar en mis padres, que de vivir aquí y resultar contagiados no serían considerados para ingresar a cuidados intensivos y solo quedaría confiar en que los síntomas fueran leves y su organismo pudiera combatir la enfermedad.

Es duro darse cuenta que estamos en la antesala de la situación de Italia, donde los médicos deben enfrentarse a la decisión de priorizar vidas de acuerdo a las posibilidades de recuperación. Que lo impensable está pasando también en este país de primer mundo, con toda su planeación, con todo su presupuesto, con toda su organización.

La cifra de muertos sigue subiendo y cuidados intensivos se acerca a su máxima capacidad. Un pensamiento inevitable también es que, si esto está pasando aquí, ¿Cómo le va a ir a México?, ¿qué le espera a la gente con todas las deficiencias y carencias del sistema público de salud?

Aquí al principio el gobierno no fue muy claro a la hora de hablar de las condiciones de la cuarentena. Fue necesaria otra conferencia-regaño del ministro presidente, donde llamó anti-sociales a quienes salieron a lugares de recreación y solo entonces quedó claro que le pedía a la gente que solo saliera a lo estrictamente indispensable.

Lo que está pasando ahora mismo en Europa es lo que pasará pronto en Latinoamérica. Cuando la cifra de fallecidos empiece a crecer inexorablemente, entonces la gente hará caso de la necesidad de quedarse en casa. Aquí también merece mención especial que en México no se ha decretado una cuarentena tan dura como aquí, con multas a quienes no guarden de los demás una distancia de metro y medio al salir de casa, y multas a los negocios que no obliguen a sus clientes a seguir esta regla dentro de sus instalaciones. Policía y voluntarios se encargan de reforzar esta medida.

Es entendible que se piense en los millones de mexicanos que si no trabajan, no comen y por lo mismo no es entendible que el gobierno federal no haya anunciado un paquete de ayudas para los más vulnerables; así se les condena doblemente: al contagio y al hambre. Trump, Bolsonaro y Salinas Pliego dan prioridad a la economía, pero como dijo Bill Gates, la economía puede recuperarse, las vidas no.
 

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