ALGO MÁS QUE PALABRAS

Confianza en uno mismo

Por Víctor Corcoba Herrero*
sábado, 8 de agosto de 2020 · 00:00

Partiendo de que la vida no es fácil para nadie, nuestro desafío generacional posiblemente radique en fortalecer esa confianza en uno mismo, al menos para encauzar entre todos los moradores ese espíritu colectivo y poder hacer frente a nuestras propias fragilidades. Se comenta que para combatir el cambio climático y la pobreza necesitamos rediseñar el sistema financiero mundial, lo que no se dice es que el único modo de afrontar estas miserias humanas, aquellas que nos lanzamos unos contra otros, provienen de la falta de cooperación y trasparencia en nuestro diario existencial.

Hay una desconfianza manifiesta que nos tritura cualquier rayo de esperanza. Por un lado hablamos de ofrecer un crecimiento inclusivo y sostenible para todo el mundo; y, sin embargo, no hacemos realidad el buen propósito, excluyendo de nuestro horizonte principios y valores tan básicos como la consideración hacia todos desde ese fiel aliento cooperante, que ha de ser inherente con cada paso que ejecutemos.

Tampoco podemos continuar vacilantes, hemos de tomar la decisión de ser para los demás, no el problema, sino parte de la respuesta. El uno para todos tiene que hacerse realidad cuanto antes. De continuar indecisos, las sociedades mirarán para sí, y se levantarán muros que acabarán destruyendo cualquier horizonte de esperanza.

Lo prioritario es ganar confianza en uno mismo y ver la grandeza que representa la unidad para todos nosotros. Un mundo global como el nuestro requiere del aliento solidario de su gente, máxime en una época en que la ciudadanía está perdiendo la confianza en las instituciones políticas y en aquellos liderazgos que, en lugar de armonizar, lo que hacen es enfrentarnos entre nosotros. Pensemos que para salir de cualquier crisis humanitaria se necesita del esfuerzo y el tesón de los individuos. Las divisiones siempre han sido un peligro para todo el mundo.

Ante esta bochornosa realidad, no podemos continuar con los sistemas que dieron lugar a esta deshumanización y desgobierno reinante, hacen falta otros caminos más desprendidos de todo egoísmo, con otras gobernanzas más equitativas, que funcionen más allá de la hipocresía del decir y no hacer. Está visto que nada puede llevarse a buen término sin entusiasmo conjunto.

Por eso, a mi entender, los nuevos dirigentes han de ser aglutinadores y destacarse por su raciocinio humilde, de apertura y capacidad para dirigir ciertas rupturas con el pasado. La peor decisión es continuar sin hacer nada. O predicar sin poner en práctica lo que uno dice.

Quizás en este acontecer diario tengamos que morir varias veces para después rehacer nuevos espacios, que aunque en un principio nos pueden atemorizar, nos sirven para renacer con un nuevo furor que nos haga escapar de esta deplorable crisis de valores, que comienza por una falta de sensibilidad y de injusticia racial y termina por la creciente epidemia de desigualdades que nos deja sin alma, o sea, sin vida en suma.

Esta memoria histórica de dolor y de desprecios no se sana fácilmente, hace falta superar las diversas mentalidades destructivas con nuestra propia razón de cohabitar y ser. No se puede dejar a nadie al margen. Es inhumano. Nos alienta recordar que, en medio de este huracán de contrariedades, todos tenemos que poner más de nuestra parte y no abandonarnos en la pasividad.

*Escritor español

corcoba@telefonica.net 

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