BAÚL DE MANÍAS

Para variar, otra de Beethoven

Por Ma. Cristina Álvarez-Astorga
martes, 15 de septiembre de 2020 · 00:00

“La envidia, dice en dicho, es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. Es un sentimiento de dolor o desdicha por no poseer lo que tiene otro (sean bienes, cualidades superiores u otras cosas, tangibles o intangibles). Es tristeza o pesar por el bien ajeno. Y si es usted católico y cree en el pecado, suerte con eso… Ah, pero bueno, a lo que iba. Si está usted en esa situación, sabe perfectamente que la envidia es considerada por la Iglesia católica como un pecado capital, no porque sea muy choncho, sino porque genera otros pecados.

Pero, ya puestos a elegir, la envidia es el peor de los pecados, capitales o no. Cheque usted los otros seis. Lujuria, mh, not so bad; avaricia, igual y se hace usted de un billete pá las épocas malas; ira, puede cobrar por asustar gente; soberbia, mhhhh puede hacerse fama de digno; gula, ñómi; pereza, ahhhh, qué sabrosura. La envidia es otro boleto. De ella dijo Quevedo que “va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”.

Durante el curso de su vida (1770-1827), Beethoven se relacionó con un titipuchal de músicos. La historia de esas relaciones está llena de disputas, malos entendidos y reconciliaciones. Tan difícil era su carácter que tuvo diferencias hasta con el buenazo de Franz Joseph Haydn, y yo creo que eso fue, en el fondo, por puritita envidia. Envidia de la música sencilla y elegante que componía Haydn y de cómo era respetado por todos. A la envidia, agréguele usted un chirris de celos, porque Haydn consideró siempre que Mozart era el más grande de entre todos los músicos existentes, por encima de él mismo, y por supuesto, por encima de Beethoven. Aquí hay que recordar que Beethoven se sentía el mejor de los músicos sobre la faz de la tierra. Mh. Pero, ahorita que lo pienso mejor, tal vez Beethoven no sentía envidia, sino sencillamente celos, que nuncamente es lo mismo. Pero si cambio celos por envidia, tendría que borrar los dos primeros párrafos de esta colaboración y francamente me niego.

El caso es que, en 1790, Haydn acordó aceptar a Beethoven como estudiante. Durante el transcurso del año, sin embargo, la relación entre los dos se agrió. Según los relatos contemporáneos, el problema surgió con la publicación de las primeras composiciones de Beethoven, a saber, los Tríos para piano, Op. 1 (1793):

https://www.youtube.com/watch?v=g_LlKrHBMhE .


Deseoso de ayudar al joven compositor, Haydn sugirió que Beethoven incluyera la frase “alumno de Haydn” debajo de su nombre para obtener ventaja de su fama. Si usted los escucha (sobra decir que “con atención”) se dará cuenta de que son una especie de “declaración”, o sea, como si Beethoven dijera, “sé componer como Haydn, y también como Mozart, pero… tengo otras cosas qué decir”.

Haydn le tenía muy buena voluntad a Beethoven, porque así era su carácter. Era básicamente un hombre bueno, además de compositor extraordinario. Hasta tuvo interés de llevarlo consigo en su segundo viaje a Londres. Hay varias misivas personales suyas para el primer mecenas de Beethoven, Maximiliano Francisco de Austria, Elector de Colonia. Beethoven, sin embargo, ante la sugerencia de que incluyera la frase “alumno de Haydn”, se enfureció. Según el informe dejado por Ferdinand Ries, “no estaba dispuesto a hacerlo, porque, aunque había recibido algunas instrucciones de Haydn, nunca había aprendido nada de él”. Te pasas, Beethoven. O sea. ¿Te cae? Según los preceptos burgueses de la Ilustración, la música tenía que ser “simple, hermosa y conmovedora”. Y si hay que decir algo de la música de Haydn, esas tres cualidades le quedan perfecto. Cheque usted su concierto para violonchelo n. º 1 en do mayor, Hob. VII B1, que fue compuesto entre 1761 y 1765:

https://www.youtube.com/watch?v=JGBZIfaxfrM 
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Uf y recontra. Simple, hermoso y conmovedor.
Mozart, quien admiraba profundamente a Haydn, le dedicó sus magníficos cuartetos de cuerda KV 387, 421, 428, 458, 464 y 465.

https://www.youtube.com/watch?v=L9HlwFVU7D0&list=PLBjoEdEVMABIM6WdeK2HhnZ8vrydGjtvo .


Beethoven no le dedicó nada (que yo sepa). Creo que lo más que hizo fue ir a llorar a su funeral, pero no me haga mucho caso en esto. No lo he wikiverificado.

Haydn opinaba sobre Mozart lo siguiente: “Si sólo pudiese recalcar las inimitables obras de Mozart en el alma de cada uno de los amigos de la música, y sobre las almas de los personajes elevados en particular, tan profundamente como el mismo entendimiento musical y el mismo sentimiento profundo con los que yo los entiendo y siento, las naciones competirían las unas con las otras para poseer tal joya”.

A Haydn lo dejaron muy impresionado los cuartetos que le dedicó Mozart. Los escuchó por primera vez en enero de 1785. Cuando los interpretaron por segunda vez, el papá de Mozart estaba presente. Fue esa ocasión en la que Haydn le hizo a Leopold Mozart el célebre comentario: “Ante Dios, y como un hombre honesto, os digo que vuestro hijo es el compositor más grande que he conocido, ya sea de nombre o personalmente”. (Beethoven sólo tenía 15 años cuando esto ocurrió, pero seguramente lo habrá escuchado más de una vez, antes de quedarse sordo).

 

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