LA MARAÑA CÓSMICA

México tiene Internet gracias a la Astronomía

Por Dr. Rolando Ísita Tornell*
lunes, 28 de septiembre de 2020 · 00:55

“Benditas redes sociales” dice una frase que popularizó el presidente desde que asumió su mandato y que, en efecto, es escenario de intensa participación de cientos de miles de ciudadanos en Internet, con el impulso de contrarrestar información u omisiones de los medios tradicionales, y también ha sido campo abonado para la información falsa, tendenciosa y propagadora de supercherías y fanatismos.

Pocos podrían imaginar, incluyendo al ciudadano presidente y alguno de sus exsecretarios, ecólogo muy calificado, quien dijo “él no invertiría en un telescopio”, que nuestro país debe la conexión a Internet a la astronomía, y a las matemáticas aplicadas y sistemas.

A finales de los 80, una joven estudiante mexicana de posgrado en astronomía, en la Penn State University, estaba empeñada en escudriñar los secretos de unas estrellas de luminosidad azul muy intensa y variable, 20 a 30 veces más masivas que el Sol, que han acabado casi con su combustible de hidrógeno, son causantes de fuertes vientos estelares y potenciales protagonistas de los espectaculares y violentos estallidos de supernova, las Wolf-Rayet, descubiertas en el siglo diecinueve.

Aún sin graduarse, Gloria fue invitada a integrarse como investigadora al Instituto de Astronomía de la UNAM. Como esas plazas no abundan, aún sin graduarse no dudó en aceptar. La astronomía en México había evolucionado hasta contar con un magnífico observatorio enclavado a 2 mil 800 metros de altura, en la Sierra de San Pedro Mártir, en Ensenada Baja California, equipado con tres telescopios, el más grande con un espejo primario de 2.1 metros de diámetro.

Por aquellos días, el ascenso a la cima de la Sierra era una expedición épica. En una nevada, los astrónomos y el personal del observatorio podían quedar aislados semanas, y alguna vez rescatados en helicóptero. Carecía de cableado eléctrico, de líneas telefónicas, agua, y sus instalaciones eran propiamente un refugio alpino, con una hermosa cabaña de madera y algunos módulos prefabricados. El ascenso podría llevarse de cinco horas a más por un austero y frágil camino. La comunicación con la civilización era mediante la radio.

Koenigsberger, en su estancia de posgrado, se habituó a capturar y procesar la información detectada por los telescopios en poderosas computadoras con programas de procesamiento de diversas longitudes de onda de luz provenientes de las estrellas, e intercambiar hallazgos y opiniones con sus colegas remotamente, entre otros avances cibercientíficos y cibertecnológicos.

Carecer de la mínima infraestructura tecnológica para comunicarse no era una opción deseable para Gloria. Lejos de quejarse, se arremangó y emprendió otra épica aventura, ahora por los sinuosos y abismales caminos de la burocracia gubernamental, de la diplomacia internacional, de la colaboración científica interdisciplinaria, de la gestión administrativa, de la formación y capacitación de especialistas en las nuevas tecnologías de la información.

Entre muchas de sus andanzas, colaboró en la propuesta de una Red Universitaria de Cómputo, hizo infinidad de llamadas a sus colegas, autoridades de la National Science Fundation, enlazó a autoridades de ambas naciones en materia de astronomía y ciencias, hizo antesalas y reuniones con funcionarios de Comunicaciones y Transportes (sin querer los asesoró), impulsó la formación y capacitación así como el desarrollo y experimentación de la compatibilidad de programas computacionales distintos para computadoras de diversos fabricantes, de especialistas en protocolos cibernéticos y dispuso el uso del satélite de comunicaciones Morelos 1. Su objetivo era tener las condiciones tecnológicas necesarias para investigar las Wolf-Rayet, su efecto colateral fue el primer nodo de Internet en México: alfa.astroscu.unam.mx, en 1989.

*Comunicación de la Ciencia DGDC UNAM-Ensenada

risita@dgdc.unam.mx

 

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