DESDE EL VIGÍA

El drama de la indigencia

Por: Editorial El Vigía
jueves, 14 de octubre de 2021 · 00:27

Si en años anteriores la indigencia invadía las calles de Ensenada durante el día, y por las noches refugios improvisados en bajo puentes, resquicios de edificios e inmuebles abandonados, hoy la situación es crítica como resultado de la pandemia y hasta –se dice- el acarreo que se hace de otras ciudades hacía Ensenada para quitarse el problema de encima.

Es una situación grave, en cada esquina se llegan a aglomerar hasta 4 o 5 vendedores de cualquier cosa o lastimosamente disfrazados de payasos, malabaristas o traga fuegos.

Hombres, mujeres de todas las edades y hasta familias enteras, algunas venidas de comunidades indígenas de otros estados hacen todo lo que pueden para conseguir algunas monedas que algunos piadosos les regalan, aunque otros indiferentes suben los vidrios de sus autos para no ser molestados.

Algunos ancianos que tratan de sobrevivir con algo de dignidad, recorren las calles revisando botes de basura para buscar latas para vender.

Feo caso el de estas personas que no tienen hogar ni familiares que les tiendan la mano, pero lo peor, es que ninguna autoridad se ocupa de ellos, no hay políticas públicas que se encarguen de analizar las causas de su desgracia y de apoyarles para retornarlos a la vida productiva, pero sobre todo a la vida digna que todo ser humano merece.

Los cauces de los arroyos donde crece el monte y escurren aguas negras y basura es el hogar de verdaderas comunidades de estos seres humanos que han construido ahí casuchas de tablas, madera, cartón y algunas lonas viejas para guarecerse de la intemperie.

Más de uno ha fallecido en esos lugares ya sea vencido por el desgaste de sus organismos por las drogas, por sobredosis o por alguna causa que a nadie le importa.

No hay un solo peso que se les destine a pesar que se gastan millones en acciones de asistencialismo con más fines electorales que de rescate social.

Algo, una mínima parte de eso debería utilizarse para crear albergues y atención a estas personas que a final de cuentas son el saldo de políticas públicas erradas que los han alejado del bienestar, por pobreza extrema, desintegración familiar, adicciones o falta de educación.

Cada caso es una historia, pero todos son un drama que no ha merecido la atención de ningún gobierno municipal, estatal, mucho menos federal. Literalmente para los gobernantes ellos no existen, no son visibles.

Estamos entrando a la temporada de frío, de vientos y lluvias, es la peor época para estas personas cuya única ayuda proviene de algunas asociaciones caritativas de orden social o religioso que les dan de comer, los asean o les dan un poco de ropa, pero no es suficiente.

Esa generosidad los ayuda, pero no los saca de la situación en que se encuentran, son tantos que el esfuerzo filantrópico de esos benefactores nunca les llegará a todos.

En este espacio nos hemos ocupado del tema y como antes, hacemos un llamado a las autoridades que tanto festinan sus logros, a que volteen a ver a esta comunidad que ya no es tan pequeña, pudieran ser miles las personas en esta situación de calle y mendicidad.
 

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