EL BAÚL DEL BUEN ESCRIBA

Nada qué celebrar

Por: Jorge Alberto Meza Peralta*
lunes, 18 de octubre de 2021 · 00:32

En un pueblito al sur de Baja California, llamado Ejido Nuevo Rosarito, vive un señor registrado como Eliseo Gaxiola Meza, cuyo verdadero nombre, por la costumbre, es el “Niño Gaxiola”. Ya saben vuestras mercedes que la costumbre se hace ley y que se impone a cualquier documento del registro civil; así como sucede en “El camino” de Miguel Delibes.

Recientemente me comentó uno de los hijos del “Niño” que este señor nunca se ha perdido una “fiesta de San Borja” en tal ejido. Incluso, hace un par de años, cuando tuvo un tumor, tampoco faltó y hasta bailó y se amaneció.

Don “Niño Gaxiola” tiene 87 años el día de hoy. Posiblemente tiene poco que celebrar: sus hermanos “Cayo” y “Bucho” ya partieron de este mundo; hoy sólo le acompañan sus hermanos “Lolita” y “Chema” en el juego de baraja en aquél pueblo olvidado del mundo.

Aunque es probable que el motivo de que no haya nada que celebrar se deba a “San Borja”. La fiesta así llamada se debe al onomástico de San Francisco de Borja y Aragón, Tercer General de la Compañía de Jesús, entre otros títulos.

Virrey de Cataluña, encima. Esta fiesta se realizaba a lo grande en aquél desierto −que con sus gigantes cactáceas toca el cielo− cada año alrededor del 10 de octubre. Si no conocen su biografía, recomiendo investigarla para darse cuenta de que no se trata de cualquier personaje en el corazón de nuestra península: emparentado con Fernando el Católico y el Papa Alejandro VI; relacionado con Juana “la Loca” y con Carlos I de España.

Volviendo al tema, el “Niño Gaxiola” con sus casi noventa años −pensando quizá que sostiene un imperio sobre sus hombros al cargar al santo en estas fechas− no faltará nunca a esta fiesta mientras tenga aliento.

Es un ganadero, hecho a los viñedos y olivares, de fuertes hombros y buena percha. Poco o nada le inquieta la relación de San Francisco de Borja con lo más granado del Imperio Español: él vuelve cada año para honrar al santo de esa bella misión jesuita en medio de la nada.

Olvidada, incluso, por muchos coterráneos: ya no hay fiestas de cuatro días, ya no se tiene la misma devoción, ya no se hace vino, ya no se cuidan los olivares, ya no hay grandes cabalgatas, ya no se va a “San Borja” … y así hay poco que celebrar para quienes ese día era la fiesta más importante del año.

No habrá mucho que celebrar para don “Niño Gaxiola” si se queda sin fiesta y sin santo, es decir, sin hispanidad. Quizá él nunca lo sepa, pero es un auténtico español de América que vive en un rincón de México o Méjico (que estas grafías son lo de menos).

Vayan ustedes a decirle que es un colonizado y eurocéntrico por vivir su vida como la vivió, la vive y la vivirá. Yo sólo tengo arrestos para admirarle y homenajearle en vida. Y tras esta moda de puritanismo irracional que destruye y manipula nuestro pasado, tampoco habrá nada que celebrar para nosotros si cercenamos nuestras raíces, sobre todo en la península de California, capricho de Hernán Cortés.

Pero si creen que hay algo que celebrar: ¡feliz mes de la HISPANIDAD!

*Profesor de Filosofía y Lengua Española
 

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