A MEDIA SEMANA

Exculpación del presente

Por: Eugenio Reyes Guzmán*
jueves, 21 de octubre de 2021 · 00:52

En marzo 2019, el ángel vengador mexicano envió una carta al rey de España conminándolo a pedir perdón por los abusos cometidos a los pueblos originarios de México durante la Conquista. Naturalmente, la divisoria diatriba del timonel azteca, reavivada en septiembre del año en curso, provocó internacionalmente un alud de burlas, insultos y hasta episodios de lástima.

No se sabe si las pendencieras acusaciones dictadas desde Palacio Nacional fueron genuinas, ya que el mismo emisor es nieto de españoles, o son parte de una estratagema distractora. Lo que la provocadora misiva sí logró, fue reabrir el debate sobre si la caída de Tenochtitlan hace 500 años fue una liberación o una conquista española.

Haciendo a un lado el orgullo nacional, es aplaudible la prudencia mostrada por el gobierno de España al contestar: “Nuestros pueblos hermanos han sabido siempre leer nuestro pasado compartido sin ira y con perspectiva constructiva, como pueblos libres con una herencia común y una proyección extraordinaria”.

Qué maravilla estar ciertos de que nos une y convoca una herencia común y nos compromete y exhorta un mañana colegiado. Definitivamente suscribo lo que le escuché a Agustín Basave Benítez: “todo mexicano que odie lo español, se odia a sí mismo”.

Regresando el tiempo a lo que sucedió hace 500 años, opino que la liberación o conquista no se puede ver con un enfoque maniqueo, y no se debe emitir un juicio binario pues siempre habrá claroscuros. Obviamente hubo abusos y saqueos, pero sería francamente injusto culpar a España por todos los males pasados y mucho menos los presentes y futuros.

Un veredicto así sería parcial, estaría cargado de una superlativa soberbia y podría juzgarse como un vil y vulgar endoso de la propia responsabilidad. Pienso que, si los pueblos ancestrales tuviesen derecho de réplica, dirían que el conocimiento del pasado indígena no puede obviar la lucha presente.

Siendo así, doscientos años de independencia deberían ser suficientes para que los mexicanos, indios y mestizos por igual, seamos los únicos culpables de nuestras zozobras y de la superpotencia que México pudo haber sido y aún no es.

Siendo objetivo y con mi muy limitado conocimiento histórico, pongo en la balanza los libros impresos por los españoles en lengua náhuatl, los hospitales que construyeron y su trascendental impronta en escuelas bilingües y universidades.

Hoy en día, es patente en todo lo largo y ancho del país el legado cultural, lingüístico, religioso, musical, gastronómico y arquitectónico de los españoles. Sí, sí, hubo también destrucción y pillaje de templos, reliquias y recursos naturales, pero la báscula presente se inclina hacia el influjo positivo en la raza mexicana.

De vuelta al tiempo de la conquista, es materialmente imposible que, de 1519 a 1521 y con un ejército de 300 ó 400 españoles frente a más de 300 mil soldados aztecas, pudieran salir victoriosos. La lógica indica que la guerra contra los tlatoanis mexicas Moctezuma y Cuauhtémoc, junto con sus deidades, fue ganada por los 110 pueblos indígenas subyugados por los aztecas, pero unidos y conducidos por Hernán Cortés.

Ahora bien, para entender qué fue lo que permitió que pelearan en alianza los pueblos mesoamericanos contra el temido imperio mexica, habría que repasar lo que han escrito historiadores como Gullo, Caso, Zorrilla y Prescott. Por principio de cuentas, dichos conocedores afirman que el sacrificio humano era esencial en la religión azteca.

En los años previos a la conquista, los sacrificios humanos en el templo dedicado a Huitzilopochtli en la gran Tenochtitlán eran enormes. Dependiendo del autor, cada año entre 20 mil y 150 mil prisioneros de guerra eran asesinados, descuartizados y devorados por el antropófago pueblo dominante.

Desde su cosmovisión, nuestros caníbales ancestros eran despiadados y sanguinarios y creían que su “dios de la guerra” se deleitaba con las lágrimas y los recompensaba generosamente con lluvias.

A la luz de lo anterior, hay quienes vehementemente afirman que México no fue conquistado sino liberado por los españoles. Pues sí, para muchos mexicanos y para el gobierno mismo, siempre será más conveniente el martirio y la victimización que reconocerse como victimario.

Volviendo a la realidad actual, el presidente de México quizás tuvo razón al decretar que: “Tenemos que pedir perdón y que el año 2021 sea al año de la reconciliación histórica”. Así es, en la pacificación histórica debemos comenzar por indultarnos a nosotros mismos por las atrocidades auto inducidas entre nuestros propios antepasados.

Sin embargo, es preciso confesar que México no se puede definir solo por su pasado y que la conducción de la nación obliga a contemplarse en el futuro. Ante esa verdad, será fundamental que el gobierno de México predique con el ejemplo y suplique dispensas por los cientos de miles de muertos recientes, por la rampante inseguridad, por provocar encono entre connacionales, por los millones de nuevos pobres, por desalentar la inversión, erosionar la economía, premiar la corrupción e hipotecar el futuro de los mexicanos.

Aplaudo el exhorto presidencial y anhelo el día en que el mismo gobierno humildemente implore la exculpación de sus ciudadanos. En fin, soñar no empobrece.

*Economista y director general del World Trade Center, Monterrey, UANL
 

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