ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

Valor de la numismática mexicana en arqueología

Por: Arqlgo. John Joseph Temple SG*
jueves, 21 de octubre de 2021 · 00:51

Una de las herramientas más utilizadas en la Arqueología Histórica para poder fechar contextos, lo conforma sin duda el acervo de monedas recuperadas en una exploración, ya sea por recorrido de superficie o en una excavación.

Hay unos indicadores que son mejores que otros, en arqueología buscamos que los signos monetarios hayan tenido una distribución muy amplia, y por un período muy corto de tiempo, tal como en paleontología sucede con los fósiles guía.

En Nueva España y en el México posterior a la independencia, las monedas, específicamente las de plata, duraban mucho tiempo en circulación. Así, todavía en 1753 y aún después, todavía se estaba recolectando moneda de la emitida por la primera casa de moneda desde 1535.

Estos ejemplares son de poca utilidad cronológica por el mismo hecho: monedas de medio, uno, dos, cuatro y ocho reales de plata, circularon durante mucho tiempo, inclusive hasta entrada la independencia.

Hay otras que, por diversas razones, desaparecieron repentinamente de una circulación amplia, y son las que nos sirven.

A las primeras que me voy a referir, es a las de plata de un cuarto y tres reales. Las primeras eran demasiado pequeñas, y se perdían entre los envoltorios en los que se les llevaba; son muy poco comunes en los contextos arqueológicos precisamente por el tamaño.

Las segundas dieron pie a engaños a indígenas, en cuanto al monto, pues eran muy parecidas a las de dos o cuatro reales, y fueron asimismo retiradas y fundidas nuevamente. Estas han aparecido en las primeras construcciones coloniales tempranas hechas sobre las ruinas prehispánicas de varias ciudades.

Otras que corrieron una suerte distinta, fueron las de dos y cuatro maravedíes, hechas en cobre, y de las cuales se pretendía que fueran para transacciones menudas. Son un buen indicador de la transición de la época prehispánica a la colonial, especialmente en zonas rurales, de los indígenas que no alcanzaron a gastarlas.

Sin embargo, los españoles no las recibían argumentando que “ellos no habían venido a México por cobre, sino por plata”, por lo que, rechazada, la moneda fue tirada, por inútil. Los españoles impusieron un sistema propio de “tlacos”, que duró hasta que llegó el Virrey Venegas, y luego Calleja, que volvieron a acuñar moneda de cobre.

Posteriormente viene el Primer Imperio Mexicano, que emite poca moneda; lo sucede el vaivén de sucesos republicanos hasta llegar el Segundo Imperio Mexicano, que impuso el sistema decimal originalmente concebido por el gobierno liberal de Juárez.

Las monedas de cobre de este período de 1864 a 1867, también son un buen indicador, pues muy pronto cesaron de circular por todo el imperio.

Por último, señalo las acuñadas en níquel durante el gobierno de Manuel González, para retirar la moneda de cobre, y así ahorrar dinero al erario en la emisión en valor metálico, por ser éste más caro.

Imitando a las anteriormente acuñadas por Estados Unidos en valores de uno, dos y cinco centavos, designados en números romanos, fueron inmediatamente rechazadas por la suspicacia del pueblo, justificada en cierto modo, de que era moneda más barata, y que era un robo al pueblo.

El frenesí que desató la circulación de esta moneda hizo que fuera retirada, y que se siguiera usando la de cobre. Por ello es muy útil su hallazgo para la arqueología.

En Baja California, empero, la numismática es muy irregular, pues las primeras remesas llegadas regularmente fueron las norteamericanas, con intermitencias de las llegadas de Zacatecas, Culiacán, México y aun Perú. Es una historia que está por desarrollarse.

*Investigador del CINAH-BC
 

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