ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

Un viaje de 400 kilómetros

Por: Arqlgo. Rubén García Lozano*
jueves, 2 de diciembre de 2021 · 00:00

En la práctica de la disciplina arqueológica suele haber sorpresas que nos muestran un panorama más allá de lo que los datos indican hasta el momento. Si bien se dice que “una golondrina no hace verano” el registro de un sólo artefacto con características atípicas en un contexto determinado (posición en el espacio) abre posibilidades para hacernos una variedad de preguntas, y posibles respuestas, acerca de su origen, historia y función.

Hace catorce años, hacia finales de junio de 2007, durante el desarrollo de un proyecto de salvamento arqueológico en la localidad arqueológica costera de Bajamar Jatay, al norte del puerto de Ensenada, al implementar recorridos de reconocimiento en uno de los concheros que se investigaron en aquel momento, descubrimos una punta de proyectil cuyas características morfológicas y materiales no corresponden con los tipos de puntas conocidos en la región.

La pieza mide 7.10 cm de largo, 3.15 cm de ancho y .83 cm de espesor, y tiene un peso de 20 gramos. Es de silueta triangular con un pequeño pedúnculo al centro de la base y hombros proyectados diagonalmente hacia abajo formando barbas o púas, el tiempo le ha cobrado factura ya que ha perdido el extremo del pedúnculo y una barba.

El ápice está desprendido por impacto y los bordes muestran desgaste por uso por corte. Para su manufactura se utilizó una piedra sedimentaria criptocristalina (un pedernal de las costas norte y central de California conocido como Monterrey chert). Las huellas de la manufactura denotan destreza del tallador, pues se observan retoques de terminado que delinearon finalmente la pieza.

Probablemente estos artefactos, dado su tamaño, peso y robustas aletas, hayan sido utilizados para armar dardos/arpones para cacería de fauna marina mayor.

Este tipo de puntas de proyectil es propio de la costa centro-sur de California


y se le conoce como Point Sal Barbed, debido a que la gran mayoría de las puntas conocidas con esta morfología se han localizado en la región de Point Sal, California, en los límites de los condados de Santa Bárbara y San Luis Obispo, incluyendo las islas del Canal de Santa Bárbara.

De acuerdo a los datos obtenidos por los arqueólogos que trabajan en dicha región, hoy sabemos que los grupos nativos de la costa sur-central de California las fabricaron en el periodo conocido en California y Baja California como Arcaico, si bien este periodo es muy amplio el tipo estuvo en boga desde hace 4,500 años hasta 1,500 años antes del presente.

Es posible que el ejemplar de Bajamar-Jatay, a 400 kilómetros de distancia de su lugar de origen, haya viajado “de mano en mano” y se haya intercambiado como objeto de prestigio, dada su morfología y materia prima, a través de las redes de comercio costeras nativas durante el Arcaico tardío o Prehistoria Tardía, otra posibilidad es que haya sido comerciada en la costa de su lugar de origen e intercambiada con pobladores de la costa noroeste de Baja California por exploradores europeos que bordeaban las costas de las Californias a finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX en busca de las codiciadas pieles de nutria.

Sin duda alguna la presencia de este objeto en Bajamar-Jatay indica las interacciones que hubo entre poblaciones nativas, y posiblemente el intercambio de bienes entre dichos grupos y los exploradores europeos en la región costera del pacífico de Norteamérica.

*Investigador del CINAH-BC
 

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