JUVENTUD HONESTA

Tanto de derecha como de izquierda… El populista

Por Rodrigo Venezia*
jueves, 8 de abril de 2021 · 00:56

En 1789, en París y en plena revolución francesa, se le preguntó a Asamblea Nacional si querían mantener a la figura del rey. Los seguidores realistas se dirigieron al lado derecho de la sala, mientras los revolucionarios ilustrados se dirigieron hacia el lado izquierdo.

Desde entonces este suceso histórico dio nombre al espectro político de derecha e izquierda. La idea básica es la siguiente, el de derecha le gusta conservar las cosas y al de izquierda le gusta cambiarlas.

Alguien conservador, de derecha, prefiere quedarse con lo que conoce y entiende. Prefiere adherirse a las reglas sociales orgánicamente producidas, donde nadie empuja a nadie. Al conservador le gusta remar lento ante las olas de inseguridad política o social.

Cree que el cambio es necesario, pero debe ser muy limitado y solo para mantener la continuidad. Es por esto que para el gobierno debe ser limitado, porque su única función es evitar que el barco se hunda.

El de derecha ve a los humanos como imperfectos, y por ello es escéptico de cualquier intento cargado de principio o moral. El mundo ideal no existe para el conservador, es una falacia más de nuestros impulsos humanos. El conservador prefiere la felicidad conocida y mesurada contra cualquier euforia utópica y desconocida. Los valores comúnmente asociados con esta doctrina es el derecho de expresión y culto, propiedad privada y soberanía individual.

El de izquierda o liberal cree que hay un mundo mejor. Cree que no solo somos capaces de alcanzarlo, pero la solución está en nuestra misma capacidad moral y social. Es por esto por lo cual el de izquierda justifica sus acciones con valores de bienestar social, justicia, igualdad, libertad, etc.

El liberal justifica sus actuaciones en estos valores. Como el problema de uno es el problema de todos, el de izquierda cree que los problemas se arreglan por actuación colectiva. Por eso el gobierno es más extenso, porque sus funciones son mucho más amplias que sólo mantener la continuidad.

En la antigüedad, el liberal era un explorador. Era encargado de buscar nuevas tierras y tesoros. El liberal es un aventurero, para él lo desconocido es progreso. Su función elemental es buscar nuevas oportunidades para bien común.

Asimismo, el rol social del conservador es protector de la comunidad, ve venir peligros inminentes como bandas enemigas o pandemias. Su función elemental es proteger el bien común. Es por este simple ejemplo, por lo cual es necesario reconocer el valor de las dos tendencias políticas.

Hay un tercer animal en la jaula, el cual puede ser tanto de derecha como de izquierda…el populista. El populismo es un disfraz, es una simulación. Esta faceta política responde a una necesidad humana de simplificar los problemas, y creer en una solución sencilla. Tiene las ganas de cambio de la izquierda, pero nace de la inseguridad de la derecha.

El populismo diferencia de las primeras dos doctrinas, no es una ideología muy razonada, pero sí humana. Este es el meollo del asunto: es natural creernos mentiras, lo difícil es creernos la verdad. Sócrates consideraba a este tipo de político como un vendedor de dulces. Él te vende puras cosas dulces, ricas, fáciles de consumir y entender. Es un personaje que habla bien, sabe que decir y lo dice con una empatía carismática potente.

Un político, debe ser, como creía Sócrates como un Doctor. Él te ofrece una operación dolorosa, pero razonada para poder seguir con vida y salud. Un doctor lleva años de estudios y de experiencia salvando pacientes. Mientras que un dulcero, solo vende soluciones temporales, fáciles y deliciosas. Un doctor hablará con la verdad y dirá la solución necesaria, la cual no será fácil de implementar, ya que un dulce no es.

Sea cual sea nuestra orientación política, nuestros gobernantes debe ser doctores y no dulceros. Todos se considerarán doctores, pero pocos lo serán.

*Estudiante de derecho, escritor y ensenadense

rodvenezia@yahoo.com

 

 

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