MUJER Y PODER

La imprudencia del presidente

Por: Natalia Vidales de Bitterlin*
sábado, 2 de julio de 2022 · 00:00

Sin duda uno de los más grandes defectos que tiene el presidente es la imprudencia. Habla sin pensar, sin conciencia de que sus palabras influyen en millones de mexicanos que aún confían en él como líder y de que sus críticas y denostaciones a gobernantes y políticos de otros países… tienen consecuencias.
Olvida que al ser presidente de México tiene el deber de cuidar sus expresiones, no soltarlas como antaño -sin ton ni son- porque su cargo público así se lo exige.   
Desde que recibió la banda presidencial debió dejar de lado su discurso de activista rijoso y respetar la investidura que le fue conferida. 
Viene lo anterior por las críticas que, sin ninguna sensibilidad, ha pronunciado en contra de la jerarquía católica, hoy de duelo por el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en la sierra Tarahumara por lo que lo menos que pudiera hacer es compadecerse por ellos… en lugar de atacarlos al afirmar que los religiosos “están apergollados por la oligarquía”.  
No deja López Obrador de pelear, ni en los momentos más dramáticos como en este caso en que en la propia Iglesia, en el santo recinto católico, el narco asesinó a dos sacerdotes, sin motivo ni misericordia.
La comunidad cristiana y los mexicanos en general, nos encontramos consternados y dolidos por este brutal asesinato en contra de los jesuitas que pese al peligro de la zona, han permanecido ahí para procurar la salvación de niños y jóvenes de la sierra que han caído en las garras de la delincuencia.
Y el presidente, en lugar de enviar un mensaje de empatía al clero, a los deudos y a los ciudadanos en general por la muerte de los líderes espirituales… agrede y aprovecha su Mañanera para asegurar que el índice de letalidad ha bajado y defender de nuevo su estrategia de seguridad pública en lugar de escuchar las voces de expertos que le recomiendan cambiarla porque el negativo resultado está a la vista. 
Vamos de mal en peor en México, lamentablemente, bajo el gobierno de un presidente autócrata y populista  que ofende, agrede  y considera enemigos a quienes no aplauden sus discursos.   
El pleito con la iglesia católica no es nuevo,  ya que en  cuanta oportunidad se le ha presentado ha  criticado a la institución (acaso porque a diferencia de otras no la puede cooptar),  y acusado de corrupta a la jerarquía católica,  según él  por haber  validado  actos de corrupción  en el pasado olvidando, muy  convenientemente,   los beneficios que la iglesia -la católica y otras denominaciones-  han realizado en bien de la comunidad como precisamente sucedía  en la sierra Tarahumara donde --ahí están los testimonios de la comunidad-- se daba el apostolado de los sacerdotes asesinados.  
Pero de esa labor no dice nada, la ignora porque eso no le importa al presidente.  
Le gana la imprudencia.

*Periodista sonorense con más de 30 años de experiencia y directora de la revista Mujer y Poder
 

...