DESDE CHAPULTEPEC
Del futuro del periodismo
Por: Joatam de Basabe*Mazatlán me recibió con el rumor del mar y la gravedad de una sentencia colectiva: los asuntos que discutimos el sábado 27 de septiembre en la sesión del consejo de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex) no son debates académicos, son decisiones que rozan la vida y la muerte de colegas. Al salir del auditorio, pensé en voz baja que los medios no van a desaparecer, pero que sí corren riesgos serios si no nos fortalecemos como gremio.
La violencia contra periodistas en México dejó de ser una cifra abstracta para convertirse en rostros y ciudades. Sinaloa, con el triste incremento —se duplicaron las agresiones y se registra desplazamiento—, ejemplifica una tendencia que nos obliga a actuar. No son solo ataques a individuos, son atentados contra la democracia: el periodismo es el medio que permite la democracia, y cuando calla, la sociedad pierde herramientas para juzgar y decidir.
En la mesa hablamos de vacíos: la desaparición de asociaciones en varios Estados, la profesionalización insuficiente y la falta de unidad entre colegas. Hay generaciones que rehúsan al periodismo, y es comprensible: pocos quieren exponerse a amenazas sin garantías. Así que nos reinventamos como gremio no por moda, sino por necesidad: construir estructuras que protejan, formen y atraigan talento es la única ruta para servir a la sociedad con rigor.
Una propuesta que resonó fuerte fue cambiar los mecanismos de protección para que dependan de las comisiones estatales de derechos humanos y no de las secretarías generales de Gobierno. Esa independencia es vital; la protección no puede estar sujeta a intereses políticos ni a cálculos administrativos. Debe ser garantía imparcial de integridad física y libertad de expresión.
También debatimos la amenaza jurídica: reformas que buscan establecer delitos de prensa abrirían la puerta al acoso judicial y a la criminalización del oficio. Si los tribunales se convierten en instrumentos de censura, retornaremos a épocas oscuras donde la palabra independiente fue moneda de riesgo. No podemos permitirlo.
Las cifras que compartimos me siguen helando: más de 400 asesinatos de periodistas, comunicadores y seres cercanos, de 1984 a la fecha, y alrededor de 30 desapariciones. Detrás de cada número hay familias, proyectos y preguntas sin respuesta. Celebramos, aunque con cautela, que Fapermex cumpla 25 años el próximo año —una trayectoria en defensa de la libertad de prensa y de la integridad de periodistas—, pero vivimos en un luto permanente que cesará hasta que podamos ejercer nuestra profesión sin represiones.
Al caminar por las calles de Mazatlán con colegas de diversos estados, entendí que la solución exige unidad y profesionalización: sólidas asociaciones locales, formación continua y redes de solidaridad. No se trata solo de sobrevivir; se trata de garantizar que el periodismo siga siendo el espacio donde la democracia se escucha, se cuestiona y se reconstruye. Desde aquí, asumo el compromiso de trabajar para que nuestra voz colectiva se traduzca en protección real y en futuro para las nuevas generaciones. Invito a mis colegas y a la sociedad a respaldar estas iniciativas: la libertad de prensa nos necesita a todos.
*Periodista y catedrático
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