MUJER Y PODER
La Historia se Repite: Zona de Desastre
Por: Natalia Vidales de Bitterlin*Octubre no fue un buen mes para miles de mexicanos residentes de los estados de Veracruz, Hidalgo, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí, quienes fueron víctimas de inundaciones que dejaron una estela de muertes, de heridos y desaparecidos, amén de la pérdida total de viviendas y propiedades.
El Dios Tláloc les dio más agua de la que necesitaban y, así, miles de familias resultaron afectadas por falta de infraestructura adecuada y de acciones preventivas que no realizaron las autoridades estatales para advertir del peligro a los residentes. Y tras, el paso del meteoro, también, otra vez, la incapacidad de las autoridades para ayudar debidamente a los damnificados quienes, a casi un mes de la tragedia, todavía sufren los estragos del fenómeno, incluso con comunidades incomunicadas.
No se dio la alerta a tiempo para evacuar, y se minimizó lo que sobrevendría al mencionar simplemente “fuertes lluvias”, pero nunca se previno a la población ya que, de haberse hecho, se hubieran salvado muchas, muchas vidas.
La mañana del 10 de octubre fue fatal para los residentes de 37 municipios de Veracruz, principalmente, cuando en la madrugada les llegó la tragedia al empezar el desbordamiento del río que ha dejado, hasta el momento, 72 muertes y más de 40 personas desaparecidas.
¿Podemos imaginar tan grande pesar? Las fotos y videos que nos muestran los medios de comunicación dan una idea real de la angustia, desesperación y dolor de quienes han perdido más, mucho más, que sus bienes materiales: a sus padres, hijos, vecinos y amistades.
El agua pasó ya, pero la tragedia continúa para los moradores de las áreas más vulnerables en Veracruz, quienes con razón reclaman a gritos a las autoridades gubernamentales primero su falta de prevención y, segundo, por la ausencia de apoyo inmediato.
Los reclamos se dan, y tienen que darse porque hay justificación para ello. Por lo mismo, no debe extrañar que la oposición levante la voz recriminando la falta de atención para los habitantes de la zona de desastre, evidenciando, por ejemplo, el error de haber desaparecido el Fondo de Desastres Naturales en México (FONDEN) en el 2020 porque era una institución con un protocolo de respuesta inmediata a seguir en estos casos dramáticos que se presentan con bastante regularidad en nuestro país.
El gobierno morenista se ha defendido acusando a quien critica de querer aprovechar la tragedia para llevar simpatías a sus partidos, pero la realidad está a la vista y ni las fotos ni los videos mienten al mostrar la devastación en que aun ahora se encuentran los ciudadanos afectados.
Las urgencias no pueden esperar, y para quien no tiene ni servicios públicos, ni vías de comunicación, ni techo, ni alimento no hay argumento que convenza.
La ineficiencia ha prevalecido y el gobierno condicionó la ayuda de particulares solidarios a que sus provisiones y aportaciones se hicieran no directamente a los afectados, sino “por conducto” de las autoridades lo que ha ocasionado que el recurso sea tardío, contrastando con la pronta distribución hecha por los carteles del crimen de la zona afectada -como un poder paralelo al estado-, ya que fueron los primeros en llegar con ayuda, sin necesidad de levantar “censos oficiales”.
Hoy lo que sigue es la reconstrucción de esa -y otras zonas del país- que debe darse, pero de la manera adecuada, porque permitir el levantamiento de casas -de madera, de palma o de materiales inestables- en áreas inseguras es una irresponsabilidad gubernamental que lleva a la destrucción y a la muerte… como lo estamos viendo.
Hay culpables y no debe haber impunidad porque, entonces, la historia -el drama y el dolor- que hoy vemos volverá a repetirse.
Por lo pronto -y al parecer- sólo queda encomendarse a Dios, o a los santos patronos de esos poblados para que los protejan, porque las autoridades esta vez, como en tantas otras, responden tarde, ineficiente e insuficientemente.
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