CONVERSEMOS
En algún lugar del mundo, hay un espacio para la vida
Por: Ricardo HarteLa Plaza se ha transformado, a lo largo de sus años de existencia, en una mancha verde en el panorama de la ciudad de Ensenada.
Pirules, tabachines y mezquites habían llegado para recordarnos que la naturaleza, a pocos kilómetros en los cerros circundantes, seguía gritando que el planeta nos es sólo de los humanos.
Y con ello habían traído mariposas, colibríes, gorriones y un gran número de seres hermosos que constantemente defendían su derecho a la existencia, aleteando, gorjeando, vibrando en un espacio que llenaban de color y de sonidos diferentes.
Habían llegado, para quedarse, los sonidos de la vida de muchos seres del planeta.
Se había logrado construir la melodía de la Plaza.
Don Sebas caminaba lento, disfrutando las bugambilias, los malvones, los romeros y las lavandas, como era su normal andar a esa hora del atardecer.
Se encontró con Agustín, joven historiador y a su asesorando en materia de la historia de la Plaza.
-Don Sebastián! Qué gusto. Días sin verlo.
-Hola Agustín. ¿Cómo va tu tesis? ¿Avanzas?
-Si, poco a poco. No es fácil. Estoy haciendo la crónica de la historia inmediata, lo cual tiene sus “asegunes”
-Pues sí. El contar con testimonios tan inmediatos te enfrenta al problema de la credibilidad ¿no?
-Y tengo encima la “guillotina” del temor a equivocarme.
-Bueno mi estimado Agustín, el peor error que se puede cometer es tener miedo a cometer errores.
-Si, suena muy sabio. Dígale eso a mis sinodales.
-¿Tú crees en ello?
-Sí
-Bueno, sí crees en ello, vas y se los dices tú
-Está bien Don Sebas. Usted… si no gana, empata, ¿verdad?
Don Sebastián sonrió. Continuaron caminando, espantando mariposas y colibríes que sencillamente les dejaban el paso y regresaban a continuar con sus diálogos con las lantanas y las lavandas.
-¿Y qué te falta de tu tesis Agustín?
-Pues ciertos aspectos más puntuales, como más cotidianos, que nos den información más anecdótica de lo que aconteció en el proceso de la definición de la Plaza.
-Pues en aquel entonces, fines del 2018, estábamos enfrascados en un cambio de gobierno que marcaba todo un parte aguas en la política del país. Ello distrajo el tema de la Plaza, tuvimos que volver a ponerlo sobre la agenda del interés de las autoridades. Las anécdotas fueron muchas. Pero me parece que, más que hacer un relato detallado de estas vicisitudes, lo que te puede ser útil es saber que hubo una mayoría casi absoluta a favor del proyecto de la Plaza, y que las dudas que en aquel entonces existían, hoy en día son absolutamente impensables de esgrimir. Es decir, que los pocos argumentos que en aquel entonces enfrentaban la concreción de la Plaza, hoy en día son indefendibles. Por la sencilla razón que la historia nos dio la razón.
-Bueno, entiendo. Es decir que lo que ha pasado a lo largo de estos años, ha demostrado que la mayoría que, en aquel entonces defendía el proyecto de la Plaza, tenía razón.
-Así es mi estimado Agustín. Lo cual nos lleva a afirmar que, como dijo Luther King, “el progreso no cabalga sobre la fatalidad”. Es decir, por muy obvio que pueda ser un adelanto de cualquier género, siempre tendrá sus adversarios y hay que saber convencer y luchar por ello. Después que una idea está aposentada sobre la demostración de la realidad, no nos acordamos de quién o quiénes se opusieron a ella. El éxito tiene muchos padres. El fracaso es huérfano.
Y continuaban los colibríes y las mariposas desafiando el paso de Don Sebas y Agustín.
Se internaron en la Plaza y el murmullo de su diálogo se perdió con los primeros acordes del concierto de música de cámara que ya empezaba en algún espacio de la Plaza.
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