DESDE EL VIGÍA

Récord en informalidad

Por: El Vigía
martes, 2 de diciembre de 2025 · 00:00

En el tercer trimestre de 2025, la población ocupada en la informalidad aumentó 1.43 por ciento respecto al mismo lapso del año anterior, una cifra máxima histórica.
Durante este año la proporción de mexicanos que trabajan en la economía informal ronda alrededor de 55 por ciento.
De acuerdo con cifras originales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de julio a septiembre de 2025 la informalidad creció en 465 mil 887 personas comparado con igual periodo del año previo, con lo que llegó a 32 millones 990 mil 238.
“El aumento de la informalidad no sólo refleja un reto económico, sino una realidad que limita el desarrollo laboral de millones de personas. Más de la mitad de la fuerza laboral en México trabaja sin prestaciones ni seguridad social, y eso frena el crecimiento del país”, dijo Fernando Bermúdez Pire, director de Relaciones Corporativas de ManpowerGroup.
Sostuvo que la informalidad perpetúa la vulnerabilidad de trabajadores sin prestaciones, sin ahorro para el retiro y sin estabilidad, por lo que se necesitan mecanismos de contratación formal flexibles y políticas de formalización laboral.
De acuerdo con los datos, la informalidad creció en hombres 340 mil 405 en un año y 125 mil 482 en mujeres.
Con esto, la Tasa de Informalidad Laboral (TIL) nacional fue de 55.41 por ciento de la población ocupada.
Con cifras desestacionalizadas, la TIL subió 0.36 puntos porcentuales en el tercer trimestre a 55.18 por ciento de la población ocupada.
La Tasa de Desocupación (TD) se redujo 0.03 puntos porcentuales a 2.64 por ciento de la Población Económicamente Activa en el trimestre referido y la de Subocupación cayó a 6.97 por ciento.
Por años, México ha convivido con una paradoja que ya resulta insostenible: más de la mitad de su fuerza laboral en 2025 sobrevive dentro de la economía informal. 
No es un dato aislado ni una curiosidad estadística; es el espejo que refleja fallas estructurales profundas. Cada trabajador sin contrato, cada negocio sin registro y cada empleo sin prestaciones es una señal de un Estado que no ha logrado integrar a su propia población en las reglas del juego económico.
La informalidad es, ante todo, una estrategia de supervivencia. Millones de mexicanos recurren a ella no por elección, sino porque es la única vía que encuentran ante un mercado formal estrecho, costoso y burocrático. Pero cuando la excepción se convierte en norma, el país entero paga el precio.
Uno de los impactos más evidentes es la debilitada recaudación fiscal. 
Mientras el discurso oficial presume estabilidad y responsabilidad financiera, la realidad económica muestra otra cara: un gobierno que opera con ingresos limitados porque buena parte de la actividad productiva no genera impuestos. Y sin impuestos suficientes, los grandes pendientes nacionales -educación, salud, infraestructura, movilidad social y seguridad- se vuelven eternos proyectos inconclusos.
La informalidad también lastima la productividad. Los negocios que operan al margen de la regulación suelen vivir al día, sin acceso a financiamiento, tecnología o capacitación. 
Son emprendimientos que nacen por necesidad, no por oportunidad. Como resultado, el país queda atrapado en un círculo de baja competitividad, lejos de las economías que avanzan apostando por la innovación.
A esto se suma otro efecto menos visible: la competencia desleal. Los negocios formales, obligados a cumplir con impuestos, cuotas y regulaciones, compiten en desigualdad frente a comercios informales con costos mucho menores.
El resultado es un ecosistema económico fragmentado, donde cumplir la ley puede convertirse en desventaja.

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