CRÍTICA DE LA RAZÓN CÍNICA

"A la mierda tu sermón sobre el arte, mi gente está muriendo"

Por: Rael Salvador
viernes, 1 de agosto de 2025 · 00:00

En este escenario de vergüenza no se puede escribir sino desde la impaciencia y el dolor. Tal es la asepsia del condicionamiento, que a veces nos falta talento para la vulgaridad y sólo damos asco.
La alegoría, fiel a lo que narra -destrucción, tortura, represión, encarcelamiento y crímenes, en este caso ejecutados en suelo palestino, desde hace décadas, por el Estado de Israel (respaldado por el "Sion" del imaginario bíblico)-, ha cobrado la vida de activistas, periodistas y, por decir lo poco, a más de un artista comprometido.
Quizá sea este mismo "artista" que refiere la poeta y periodista estadounidense de origen palestino, Noor Hindi, en su título: "A la mierda tu sermón sobre el arte, mi gente está muriendo".
En él, en el poema -en su interpelación contra la muerte, tanto el arte, la religión, la política, el deporte, el comercio de la información y la literatura se cuestionan por su banalidad-, observemos que existe una resonancia de justicia, a la vez que su lenguaje se hace honesto en lo mordaz.
El cuerpo del poema, atado a sus versos, habla de la evidencia cruel y vengativa, y, a la vez, ennoblece la resistencia en suelo palestino y ninguna campaña salvaje por parte del sionismo consigue detenerla o eliminarla de los circuitos de la dignidad. La cadencia de imágenes expone los orígenes del éxodo palestino, la limpieza étnica, el artero derrumbe de viviendas y las recurrentes matanzas de inocentes, hasta llegar a la hambruna y el genocidio presente.
Nos dice Noor Hindi: "Los colonizadores escriben sobre las flores. / Te hablo de los niños que tiran piedras a los tanques israelíes / Segundos antes de convertirse en margaritas. / Quiero ser como esos poetas que se preocupan por la Luna. / Los palestinos no ven la Luna desde las celdas y las prisiones. / Qué hermosa la Luna. / Qué hermosas las flores".
¿De lo que se alimenta la prensa, lo podrá agotar la poesía?
"Recojo flores para mi padre muerto cuando estoy triste. / Él mira Al Jazeera todo el día".
En el vivo sepulcro de la información se hace presente también el eclipse del padre, donde entendemos la referencia destructiva de Cronos -el señor del tiempo- y, en la cual, no ignoramos que se trata de Saturno devorando a sus hijos: la brutalidad honesta de cuestionarnos qué hacer con los crímenes del pasado nazi. ¿Replicarlos? ¿Traerlos de nuevo de la mano de los enterradores y brindarlos como ejemplo a repetir al pueblo elegido de Israel?
"Ojalá Jessica dejara de enviarme mensajes de ¡Feliz Ramadán! / Sé que soy norteamericana porque cuando atravieso un cuarto algo muere".
Nuestros espectros -esa coronita de hadas que renuncia a toda coherencia- muchas veces no son otra cosa que palabras en llamas que se encajan en la ronda gramatical que nos circunda: sus reflejos son el ruido expuesto por una agonía que no termina por perecer…
"Las metáforas sobre la muerte son para los poetas que piensan que a los fantasmas les interesa el sonido. / Cuando muera, prometo seguirte por siempre. / Algún día escribiré sobre las flores como si me pertenecieran".
En un ambiente viciado por innumerables conjeturas, donde no sólo "Dios" es el que se ensucia las manos, ya sólo queda revelar -en la inmediatez de lo crudo- los testimonios que se padecen como realidad y visceralidad irrefutables.
Así sea la poesía el anzuelo del dolor.

raelart@hotmail.com 

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