MUJER Y PODER
Cumple un año la violencia imparable en Culiacán
Por: Natalia Vidales de Bitterlin*Tenemos familia muy cercana y querida en Sinaloa, y por ello desde niñas visitábamos con frecuencia la capital, Culiacán, y era del conocimiento público y notorio cuando los "gomeros" -así conocidos los cultivadores de amapola- y los traficantes de marihuana bajaban de la sierra a pasear por la plaza en sus lujosos vehículos.
Eran jóvenes que estaban perfectamente bien identificados por la población, pero, aunque causaban recelo y por supuesto desconfianza, no impedían que la vida de los "culichis", transcurriera con relativa tranquilidad.
Los narcos de aquella época -los años 60 y 70 del siglo pasado- no afectaban a la población como lo hacen ahora, porque no se daban las guerras por el control del territorio ni el mercado de las drogas, que en su inmensa mayoría eran "exportadas" a los Estados Unidos.
Los pleitos y rivalidades entre ellos no perjudicaban al grueso de la población, ni a los negocios legales. Cada quién en su mundo, pues. Y así transcurrieron los años.
Pero, para desgracia de los ciudadanos, la violencia en los años posteriores se fue recrudeciendo; y así, poco a poco, el terror se fue apoderando de nuestra querida ciudad natal, Culiacán.
Acaba de cumplirse un año en que se desató la guerra entre dos bandos, y sus enfrentamientos han ocasionado que se viva en constante tensión que ha escalado hasta el punto en que se encuentran ahora, en una situación infernal, de violencia extrema y, como consecuencia, el desplome de la economía con la consecuente pérdida de empleos y el cierre de negocios luego de tantos años de trabajo y de colocar esa región como ejemplo nacional, de empuje y producción agrícola, ganadera, industrial y pesquera.
El cambio ha sido radical. Los ciudadanos, nos dice la familia, no tienen vida. Están encerrados en sus hogares, las actividades -escolares, sociales, de trabajo- se suspenden y para ellos salir a las calles es un verdadero suplicio por el grave riesgo que prevalece en la vía pública. Las salidas de casa son solo para realizar actividades indispensables.
Ante esta grave situación miles de ciudadanos e integrantes de más de 35 organizaciones civiles dejaron de lado sus temores para manifestarse la semana pasada, en una Marcha por la Paz, no sólo en las calles de Culiacán, sino en el propio Palacio Nacional en la CDMX, donde, ya enfurecidos, exigen atención y garantía de seguridad por parte de las autoridades. Porque no es posible seguir viviendo así; ante una situación que pareciera llegó para quedarse luego de un año imparable de caos y anarquía.
Sus voces se han levantado, pero la respuesta de parte de las autoridades no ha sido la correcta. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum aceptó públicamente los motivos de la "inconformidad" ciudadana -cuyas demandas de pacificación y de seguridad incluyen la salida del gobernador Rocha Moya- al paso de los días se ha minimizado la situación y los manifestantes por fuera del Palacio que viajaron desde Sinaloa no fueron recibidos.
Lo anterior cuando el propio INEGI -con base en resultados de la última encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana- ha declarado a la capital del estado de Sinaloa como la "menos segura de todas las zonas urbanas de México". Y las imágenes de crueles matanzas han dado la vuelta al mundo, por si alguien lo dudara.
Quienes aún nos encontramos en un entorno de cierta tranquilidad debemos tener conciencia de lo anterior para apoyar ese clamor ciudadano de los sinaloenses, ser solidarios en su tragedia y vernos en ese espejo.
Hoy en Ensenada disfrutamos de paz social, pero ya se ven acciones de la delincuencia organizada, cobro de piso y extorsión, y brutales casos de violencia que las autoridades deben atender para evitar que esa situación aumente y llegue a ser la constante como sucedió en Culiacán.
La paz de los ensenadenses debe continuar y la seguridad debe garantizarla el estado para no llegar a ser señalados por nuestros vecinos del norte como puerto de riesgo, tal como lo han hecho con la ciudad de Culiacán.
Entonces, no sólo nuestra tranquilidad sufrirá las consecuencias sino también, lamentablemente, nuestra economía.
Sufren, sufren mucho los residentes de nuestra querida Culiacán. Debemos hoy, por un lado, apoyarlos a ellos y, por el otro, tomar acciones para evitar vernos en esa misma situación.
*Periodista sonorense con más de 30 años de experiencia y directora de la revista Mujer y Poder
Cel. 6621 441440
www.mujerypoder.com.mx
...
