MUJER Y PODER
¿A dónde llevarán a México?
Por: Natalia Vidales de Bitterlin*No entendemos, de verdad no entendemos qué pretende la presidenta Claudia Sheinbaum al enarbolar la bandera de la soberanía de Venezuela.
Ella, que ha pregonado la no intervención en asuntos de otros países, hoy se mete de lleno a defender la detención de Nicolás Maduro, tratando de hacer creer a los mexicanos que el gobierno de Trump detuvo a un presidente amado por el pueblo, y a quien deben respetar todos los países del mundo.
No se cansa de repetir lo mismo y por ello los comunicadores no debemos -no podemos- cansarnos tampoco de recordar a los mexicanos que Maduro no es un presidente legítimo, sino un político que se apropió del país -como si fuese suyo- con base en la violencia y la corrupción. Es, además, un delincuente cómplice del crimen organizado y un ser autoritario y tirano que ha tenido a su pueblo sojuzgado y a merced de la cárcel a los inconformes.
Maduro no es ninguna víctima -como se disfraza ahora tras las rejas por narcoterrorista internacional-, hay que tenerlo muy claro: las víctimas son los venezolanos, pero lamentablemente, la presidenta Sheinbaum -y los militantes de Morena-, no se han solidarizado con ellas, sino que han enfocado sus baterías contra Trump y con quienes se manifiestan a su favor.
Y, lo peor, sus mensajes han subido de tono con retos al presidente -vecino y socio de México- que no ayudan para nada a nuestro país, y que, por el contrario, lo ponen irresponsable e innecesariamente en riesgo.
Ya vimos lo que sucedió cuando Nicolás Maduro -entonces muy valientito- le dijo al presidente de USA: "vengan por mí… aquí estoy". Y ahora ella imita esa imprudencia y… ¿espera resultados diferentes?
Muy delicada está, sin duda, la situación y… ¡de locura!, porque legisladores morenistas e incondicionales del oficialismo han llegado, incluso, al extremo de pedir la liberación inmediata del dictador por el "brutal ataque a la democracia y a las leyes internacionales".
Es lamentable, muy lamentable, que hoy estemos escuchando esos mensajes de parte de quienes, teniendo el poder que les da su posición, no hicieron nada en el pasado para exigir -ahí sí- un alto a los abusos y la violencia en Venezuela.
¿Por qué nunca se compadecieron del sufrido pueblo pese a tanta denuncia pública del caos imperante y de cientos de presos políticos? De todos conocido es el viacrucis que han vivido los venezolanos, quienes han sido víctimas de ese tirano.
Hay que repetir esto constantemente para contrarrestar esas mentiras y mensajes que se emiten cada mañana desde Palacio Nacional, convertido en un despacho de la defensa de Maduro, en un caso, por lo demás, totalmente perdido dadas las pruebas en su contra.
Hoy, si la presidenta quiere hablar de lo sucedido en Venezuela, que sea para solidarizarse con el pueblo y enviar sus deseos para que pronto el estado de derecho, la paz y el bienestar llegue a los millones de ciudadanos que han sufrido las de Caín.
Esa empatía sí puede y debe hacerse.
Eso es lo que esperaríamos, en lugar de comprometer a México en una disputa en la que somos ajenos, y dónde, como lo dice la propia mandataria, nadie debería involucrarse.
Si "solito" se la buscó Maduro, que "solito" enfrente las consecuencias, sin leguleyos de Palacio Nacional intentando salvarlo.
*Periodista sonorense con más de 30 años de experiencia y directora de la revista Mujer y Poder
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