DE NIÑOS Y OTROS ENREDOS
Comunicación virtual
Por: Dr. Enrique Sicardi Aragón*WhatsApp llegó a Estados Unidos en los 90s y de ahí a lo que tenemos hoy: prácticamente todo poseedor de un smartphone, independientemente de su edad, situación o condición, navega en este medio y otros tantos similares.
A nadie deja duda la gran utilidad que ésta sencilla aplicación vino a desplazar a las anteriores plataformas de comunicación, nos comunicamos en tiempo real, tanto en voz, texto y video. No es mi objetivo referir todas sus funciones, ya que muchos de los lectores son expertos en eso.
La adquisición de la capacidad del habla, muy probablemente fue el cambio evolutivo que catapultó a nuestro ancestro para posicionarlo en la cúspide de la cadena evolutiva. La comunicación entre iguales a servido para trasmitir oralmente todo nuestro bagaje cultural, administrar mejor a los grupos, formando tribus y sociedades.
La biología ocupó cientos de miles de años para que el sapiens lograra articular las primeras palabras y hasta la conformación de múltiples lenguajes de comunicación: señales de humo, tambores, silbidos, telégrafo, teléfono y otros muchos tecnológicos, y en tan sólo unas décadas, el lenguaje hablado muestra deterioro e involución. Hoy, la tendencia es comunicarse en forma escrita con signos y símbolos, que puede confundir las ideas y no trasmitir lo que en realidad deseamos.
La comunicación oral nos permite hacer inflexiones de la voz, trasmitir connotaciones positivas o negativas, afecto, enojo, júbilo, tristeza, infinidad de emociones y sentidos. Imagínense los discursos de personajes de influencia como políticos, cómicos, tiranos, benefactores, incitadores, negociadores u otros muchos ¿tendrían sus discursos el mismo efecto si fueran mensajes de texto? Los discursos pueden ser más destructivos que las bombas y pueden ser más edificantes que una cuadrilla de obreros.
Los pacientes ahora consultan a sus médicos por WhatsApp, los padres nuevos buscan a sus médicos basados en la capacidad de respuesta por esta vía. Dudas sencillas, complicadas, emergencias, evoluciones, realidades o ficciones, da lo mismo, WhatsApp, lo usan para todo. Ejemplos hay y muchos, la mayoría lo usa, lo ha usado o lo usará.
No hay momento del día, lugar u hora donde volteemos a ver nuestro entorno y toparnos con un portador de smartphone consultando sus redes sociales: no hay lugar ni momento que impida poder echarle una oteada para ver qué dicen los grupos, contactos o cualquier cosa que publique la red: choferes manejando, vigilantes vigilando, adultos ignorando a sus niños, médicos consultando, cocineros guisando y mil etcéteras más.
Como adultos, probablemente hayamos logrado la madurez neurológica, pero estamos dando ejemplo al producto no terminado: nuestros hijos. Ellos son las víctimas de nuestros vicios. Hoy, nuestra generación "Z" (nacidos entre 1990-2010), son considerados una generación de ansiosos. Josefina Vázquez Mota, exsecretaria de educación, habla fuertemente en su libro: Mamá, papá: me hiciste adict@: ¡Ayúdame! ¡Te necesito! Jonathan Haidt, psicólogo social publicó su libro: La generación ansiosa, donde analiza el problema y sugiere preventivos para nuevas generaciones. Hay muchas publicaciones más. El problema ya está inmerso en nuestra sociedad, esa generación ansiosa será el futuro soporte social, seremos manejados por personas que no nos ven a los ojos, no nos escuchan, no son empáticos y todos ellos ensimismados y conectado a sus artilugios.
La utilidad de WhatsApp es innegable, úselo con cordura, nunca ante una urgencia, ésta debe ser resuelta en tiempo real y lo más oportunamente posible, llame a su médico y si no contesta, acuda a un centro de emergencia.
Antes dábamos pésames, felicitaciones, afecto, aliento, consuelo en forma oral y presencial, hoy en forma virtual. Cómodo es, fácil y rápido, no cuesta casi nada. La seguridad de las personas y la amistad, creo, vale eso y mucho más.
*El autor es médico pediatra
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