DESDE EL VIGÍA
Continuará tratado
Por: El VigíaLa relación económica entre México y Estados Unidos ha demostrado, una vez más, que trasciende coyunturas políticas y discursos de campaña, porque mientras resurgen voces que anticipan revisiones, ajustes o incluso amenazas en torno al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), los hechos muestran una realidad más sólida, que es la interdependencia productiva entre ambas naciones, la cual es demasiado profunda como para entorpecerla.
Por tanto, las declaraciones de la Asociación de Empresarios de México en Estados Unidos no deben leerse como un simple posicionamiento gremial, sino como un reflejo del peso específico que el mercado mexicano tiene para numerosos estados de la Unión Americana.
Cuando se señala que entidades como Texas destinan cerca de la mitad de sus exportaciones a México, representa en la mesa de negociaciones un dato contundente.
Durante años, la integración regional ha tejido cadenas de suministro que cruzan la frontera en ambos sentidos.
El sector automotriz es quizá el ejemplo más evidente, pero no el único. Productos agroalimentarios como el aguacate y las berries, así como manufacturas industriales, forman parte de un engranaje que genera empleo y crecimiento en ambos lados.
Por tal motivo, pensar en revisiones anuales del acuerdo comercial implicaría introducir un factor de incertidumbre que ninguna economía necesita en un contexto mundial ya de por sí complejo.
Y aunque en tiempos electorales, el discurso proteccionista suele ganar reflectores, una revisión constante del tratado no sólo enviaría señales negativas a los inversionistas, sino que afectaría directamente a empresas estadounidenses que dependen del mercado mexicano.
Lo anterior no es una concesión a México, se trata de preservar la estabilidad de una relación que beneficia a millones de trabajadores en ambos países.
Los datos de inversión extranjera directa en México son una prueba adicional de que, más allá del ruido político, la confianza empresarial se mantiene.
Tampoco lo es que, a nivel nacional, la inversión haya superado los 40 mil millones de dólares.
Estas cifras confirman que el fenómeno del nearshoring (relocalización de empresas de suministro) no fue una moda pasajera, sino el inicio de una reconfiguración productiva que se consolida.
Primero llegaron la compra de terrenos, la construcción de naves industriales y la renta de espacios.
Después, como es natural en cualquier proceso de expansión manufacturera, arribaron la maquinaria y los equipos que representan inversiones de mayor calado.
Es un ciclo que revela planeación de largo plazo, no decisiones improvisadas.
Desde la perspectiva de Baja California, y particularmente de Ensenada, estas dinámicas deben observarse con atención.
Nuestra entidad forma parte esencial de esa red de comercio e inversión que conecta a México con Estados Unidos.
La estabilidad del T-MEC no sólo es un asunto de diplomacia económica, sino un factor que incide en el empleo, en la llegada de nuevas empresas y en la competitividad regional.
El mensaje que envían los empresarios confirma que la economía real impone límites a la retórica.
Los estados exportadores de la Unión Americana, al igual que las regiones industriales de México, saben que el costo de romper o debilitar el acuerdo sería elevado.
Por ello, más que alimentar escenarios de confrontación, es necesario fortalecer los canales de diálogo y certidumbre.
La integración económica de América del Norte no es perfecta, pero ha demostrado ser de muchos beneficios.
Así que, en un escenario internacional marcado por tensiones comerciales, reacomodos geopolíticos y conflictos bélicos, urge preservar la estabilidad y tomar decisiones con datos duros y verificables.
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