DESDE EL VIGÍA

Reto fiscal

Por: El Vigía
martes, 7 de abril de 2026 · 00:00

Las previsiones económicas para México en los próximos años han encendido señales de alerta entre especialistas, no tanto por lo que dicen, sino por lo que omiten. 
Los recientes estimados oficiales plantean un escenario de crecimiento moderado, inflación controlada y una trayectoria descendente de la deuda pública; sin embargo, al contrastarlos con la realidad económica actual del país, surgen justificadas dudas sobre su viabilidad.
El optimismo en las proyecciones gubernamentales de crecimiento resulta particularmente cuestionable, porque expertos financieros anticipan una posible contracción económica en el corto plazo, por lo que sostener expectativas de expansión cercanas al 3 por ciento implica asumir una aceleración que no encuentra sustento claro en los indicadores económicos disponibles.
Además, se plantea un escenario en el que la economía de Estados Unidos -principal socio comercial de México- se desacelera, mientras la mexicana logra fortalecerse, pero esta desconexión no debe minimizarse, pues históricamente los ciclos económicos de ambas naciones han estado estrechamente vinculados.
A ello se suma la creciente presión sobre las finanzas públicas. El incremento sostenido del gasto en programas sociales, aunque políticamente rentable y socialmente necesario en ciertos sectores, plantea interrogantes sobre su sostenibilidad en el largo plazo. 
El problema no radica en la existencia de estos apoyos, sino en su expansión sin un respaldo sólido en ingresos permanentes, dado que cuando el gasto crece más rápido que la recaudación, el resultado inevitable es un deterioro en el balance fiscal.
Las estimaciones oficiales sugieren que el déficit se mantendrá bajo control en los próximos años; no obstante, este escenario depende en gran medida de supuestos optimistas tanto en ingresos como en crecimiento económico, y si estos no se materializan, el margen de maniobra se reduce considerablemente. 
En ese contexto, las alternativas suelen ser poco atractivas, porque implicarían recortes al gasto público, incremento en la deuda o una eventual reforma fiscal.
Y este último punto abre otro frente de discusión, debido a que México enfrenta desde hace décadas un problema estructural de informalidad que limita la capacidad recaudatoria del Estado; así que cualquier intento de aumentar los ingresos tributarios sin atender este fenómeno corre el riesgo de recaer, una vez más, en los contribuyentes cautivos. Es decir, los mismos de siempre. 
Por tanto, sin una estrategia integral que amplíe la base tributaria, hablar de una reforma fiscal efectiva resulta poco creíble.
Por otro lado, la expectativa de que la inflación converja al objetivo en el mediano plazo también parece sujeta a condiciones favorables que no están garantizadas. 
Factores externos, como los precios internacionales o la volatilidad financiera, podrían complicar este objetivo y añadir presión adicional a la política económica.
En conjunto, el panorama descrito apunta a un desafío central, que es la necesidad de construir un crecimiento económico más sólido y sostenible. 
Apostar únicamente por el gasto como motor de la actividad económica tiene límites claros, especialmente cuando los recursos son finitos; entonces, lo que se requiere es generar condiciones que incentiven la inversión, la productividad y la formalidad.
Pero el riesgo de no hacerlo es entrar en un ciclo en el que, ante ingresos insuficientes, se recurre a recortes que terminan por frenar aún más la economía. 
Evitar este escenario exige realismo en las proyecciones y responsabilidad en la toma de decisiones. Más que optimismo, lo que hoy se necesita es prudencia.
 

...