Andanzas antropológicas

Patrimonio arqueológico de BC

Por Enah Fonseca Ibarra*
jueves, 17 de noviembre de 2016 · 00:00
Los debates actuales enfocados en la construcción de una nueva definición del concepto patrimonio cultural apuntan hacia la incorporación de la valoración de la sociedad sobre los bienes culturales. Para diferentes autores involucrados en dicho debate, lo que se considera como patrimonio cultural –los bienes que lo constituyen- depende directamente del significado, simbolismo, apropiación y valoración que los sujetos le impriman a determinado constructo social. La gestión para lograr su preservación, protección y cuidado debe ir acorde con dicho planteamiento. Nuestra responsabilidad será entonces construir el puente entre los bienes arqueológicos y los sujetos para lograr que éstos les otorguen un valor especial, un valor patrimonial donde los bienes culturales sean fundamentales para su reproducción social e identitaria, significativos para explicar su pasado, entender su presente y contribuir en la construcción de su futuro.
El rezago en materia de investigación del norte del país, y de las sociedades cazadoras-recolectoras, ha permeado en el poco o nulo interés de la población en un tipo de bienes arqueológicos producto del desarrollo de modos de vida que no necesitaron para su subsistencia y reproducción, la edificación arquitectónica de las urbes del centro y sur del país. Si ni siquiera son considerados bienes arqueológicos menos ha sido posible pensar en la construcción de éstos como parte de su patrimonio cultural.
Por otro lado, se trata de regiones que responden a una dinámica económica, política y cultural distinta del resto del país. La zona fronteriza de Baja California con los Estados Unidos de Norteamérica ha tenido históricamente mayor relación con la cultura del país vecino y esos símbolos que conformaban el discurso nacional no eran parte de su imaginario colectivo. Respecto a la condición de frontera observados por lo menos dos fenómenos. Por un lado, en Tijuana principalmente, los migrantes traen consigo su propia idea de lo mexicano y de su patrimonio del lugar de origen. Ése es el que reconocen y exaltan frente los "otros patrimonios”. Por otro lado, están los bajacalifornianos de por lo menos una generación nacida en el territorio, quienes no necesariamente exaltan lo mexicano, pero tampoco "otros patrimonios”. Pareciera que al estar en situación de frontera no logran identificarse ni con el discurso oficial ni con los símbolos hegemónicos pero tampoco con esos "otros patrimonios”. Es precisamente esta situación la que genera un mosaico mucho más complejo, mismo que debemos tomar en cuenta para generar nuevas estrategias de vinculación entre la sociedad y el patrimonio cultural.
Consideramos fundamental la creación y puesta en práctica de estrategias particulares a las diferentes problemáticas del país. No podemos seguir aplicando las mismas políticas culturales a realidades distintas que conforman nuestro mosaico cultural; estas propuestas deben surgir de los contextos locales, de las propias comunidades y de la articulación de los diferentes niveles de gobierno. Necesitamos de una gestión del patrimonio eficiente que permita no sólo administrar los bienes culturales patrimoniales para que no se deterioren o desaparezcan, sino para que sean apropiadas, incorporadas a la cotidianidad colectiva y de esta forma asegurar su permanencia.

* Arqueóloga. Investigadora del Cinah-BC.

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