Andanzas antropológicas

Dime qué comes y te diré cómo eres

Por Mtra. A.F. Martha E. Alfaro Castro*
jueves, 8 de diciembre de 2016 · 00:00
Los dientes son las estructuras óseas más mineralizadas del cuerpo, por lo mismo son las que se preservan mejor y con más frecuencia en los contextos arqueológicos. Son muy resistentes a los procesos tafonómicos, por lo que en ocasiones llegan a ser el único registro biológico sobreviviente de individuos de poblaciones del  pasado.
Al igual que los huesos, los dientes interactúan directamente con el medio ambiente (masticación, desgaste y traumatismos). Una vez que éstos brotan en su posición funcional, sus coronas comienzan a ser desgastadas por la fricción con otros dientes, por el tipo de comida o las técnicas de preparación de alimentos. Por lo que el registro lesiones patológicas observadas en ellos y las estructuras subyacentes pueden darnos información sobre salud, enfermedad, alimentación o forma de elaboración de alimentos e incluso testimonio del uso de los dientes como apoyo para realizar ciertas actividades.
Los antiguos cazadores recolectores que habitaron la península de Baja California solían tostar o tatemar la mayoría de los alimentos que consumían. Una parte importante en la dieta de los californios eran las semillas, las cuales mezclaban dentro de una  batea con brasas que movían continua y vigorosamente para lograr un tostado uniforme. Después de tostarlas, las separaban lo mejor posible de los pedacitos de carbón y las molían en metates para reducirlas a una harina gruesa que comían frecuentemente "a secas y aún caliente”. Sin embargo, por mayor cuidado que ponían en la separación de las semillas, este procedimiento  dejaba siempre pequeños pedazos de carbón, que ocasionaban múltiples microfracturas en la superficie de los dental y el polvo carbonizado del tatemado, parece haber ayudado en cierta medida a un blanqueamiento de las piezas dentales y una baja incidencia de sarro.
Por otro lado, el alto consumo de semillas, raíces y tubérculos en forma de harina - obtenida mediante molienda- en la dieta de los antiguos cazadores recolectores, favoreció  un marcado desgaste dental  oclusal desde edades muy tempranas -incluso en "dientes de leche” de estas poblaciones-. Esto debido en parte a que el metate de piedra suele soltar una arenisca ligera que actúa como abrasivo en las piezas dentales. De igual manera, los pescados y moluscos solía consumirse tatemados, en este caso los restos de arena que solían colarse en la elaboración de estos alimentos, pudieron ser al igual que la arenilla del metate, otro elemento causal relacionado con la notable abrasión dental encontrada de los antiguos californios.
Los dientes eran así mismo una útil herramienta de la cual podían valerse como apoyo para diversas actividades como por ejemplo: la manipulación y corte de cordeles para la elaboración de cestería o para el ablandamiento y preparación de pieles para elaboración de prendas de vestir, así como para el ablandamiento o estiramiento de ligamentos de animales para cuerdas de arcos. En el caso de los antiguos californios encontramos por ejemplo patrones de desgaste dental relacionados con el procesamiento y ablandamiento de pieles o la utilización de dientes como punto de apoyo para preparar cordeles,  únicamente en individuos mayores de 35 años (los ancianos del grupo), lo que podría llevarnos a pensar en una cierta especialización por grupo de edad de algunas actividades en sociedades de este tipo. En este espacio, se esbozan apenas algunas breves imágenes del gran potencial de información las piezas dentales pueden ofrecernos, pero aún hay muchísimas cosas que pueden contarnos los dientes y los esqueletos sobre los antiguos californios, las cuales iremos hilvanando en las posteriores entregas.

* Investigadora InahBC-BCS

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