ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

Sabia virtud de conocer el tiempo

Por Hist. Horacio González Moncada
viernes, 6 de enero de 2017 · 01:07
Hace algunos años, de visita en la Ciudad de México, tuve oportunidad de escuchar a uno de los danzantes que se apostan frente al Museo del Templo Mayor hablar acerca de los calendarios y lo absurdo que era celebrar el inicio de un nuevo año en medio del invierno, cuando todo en la naturaleza está dormido. Es verdad, puede sonar absurdo iniciar el año en estas épocas pero se dice que fueron los romanos quienes por razones políticas y administrativas movieron la fecha del inicio de su calendario civil que coincidía con los famosos idus de marzo al mes dedicado al dios Jano (Enero) y lo desvincularon de los calendarios que seguían el movimiento de la luna, otro astros y fenómenos naturales, para basarse en un fecha que pareciera completamente arbitraria.
En nuestra región, los antiguos pobladores de la península, como muchos otros pueblos, también se basaban en la observación de los astros para elaborar su calendario así como en los cambios sucedidos en su entorno para identificar y llamar a la época del ciclo que estaban viviendo.
El misionero Miguel del Barco en su Historia Natural y Crónica de la Antigua California nos cuenta acerca de cómo dividían el año en seis partes los Cochimies: La primera Meyibo, que era el tiempo de las pitayas, era el momento más alegre y apreciable que correspondían a los meses de junio, julio y parte de agosto.
La segunda que llamaban amadá-appi comprendía la otra mitad de agosto, septiembre y octubre. Era la época donde si había llovido predominaba el verde y el tiempo de las tunas y las pitayas agridulces además de otras semillas.  La tercera se llamaba amadá-appí-gal-lá que era la época en que la hierba nacida en la época antecedente, va secándose, correspondiendo a parte de octubre, noviembre y diciembre.  
La siguiente meyihél, la mayor parte de diciembre, todo enero y parte de febrero, que correspondía a la estación fría. La quinta estación corresponde algunas semanas antes de marzo, todo este mes y algunas semanas posteriores, llamándose meyijben. La sexta tiene parte de abril, mayo, junio y se llama meyijben-maayí
Por su parte el historiador Kumiay, Michael Connolly Miskwish, en su libro Kumeyaay a History Textbook relata que este pueblo utilizaba el calendario para determinar cuándo se debía mover el Sh´mul o clan a los sitios para pasar ya sea el verano o el invierno.
Mediante la observación de las constelaciones como los 3 cimarrones o Emuu, correspondiente a las estrellas que conocemos como el cinturón de Orión, su nuevo año iniciaba en el equinoccio de otoño marcando el punto más alto de esta constelación y la aparición de la Mano (Leo) en el horizonte.  Esta temporada coincidía con el inicio de la recolección de la bellota, uno de sus recursos alimentarios más importantes, un buen motivo para iniciar su año o nuevo ciclo.
Connolly señala que los meses de sus nombres eran seis e iniciaban aproximadamente a finales de septiembre o inicios de octubre Jalanymcep, Jalatai, Jalapisu, Jalamrtinya, Jalanitca,. Estos nombres se repetirían después de seis meses de la misma forma en que repetimos la hora en los ciclos de 12 horas en nuestros relojes. Los meses no corresponderían exactamente a nuestro calendario, más bien seguían las fases de la luna, con ajustes hechos con la aparición de ciertas constelaciones.
Como vemos era vital el conocer y contabilizar el tiempo para registrar los cambios de ciclos tal como nosotros hoy en día lo seguimos haciendo. Esperemos que 2017 resulte una oportunidad de cambio positivo para todos.

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