DÍA DEL SEÑOR

Domingo de Ramos de la Pasión (Ciclo B)

Por Padre Carlos Poma Henestrosa
domingo, 25 de marzo de 2018 · 00:00

 “Aunque tenga que morir contigo, no te negare. Y los demás decían lo mismo” (Mc 14, 1--15, 47)

Hoy es Domingo de Ramos, celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. También se le llama, Domingo de Pasión. Nos dice San Marcos en su relato, que en el momento de ser apresado Jesús, “todos lo abandonaron y huyeron”. Ya se los había predicho El: “Todos ustedes se van a escandalizar por mi causa”. El miedo se apoderó de ellos. Y al final, ¿quiénes estaban al pie de la cruz? Solo su Madre, otras mujeres y San Juan. ¿Y los otros Apóstoles? Ya Pedro se había escandalizado de El: lo había negado tres veces. ¿Y nosotros? ¿No lo hemos negado? ¿Cuántas veces hemos dejado de defenderlo cuando atacan su Nombre, su Iglesia? ¿Cuántas veces no lo hemos abandonado por miedo a sus exigencias de amor y de entrega a Él? ¿No nos hemos escandalizado de Él? ¿Podremos, acaso, “romper a llorar” por las veces que lo hemos abandonado, así como sucedió a Pedro, cuando se dio cuenta de su triple pecado?

Todos los que alentaban a Jesús en la entrada de Jerusalén cambiaron rápidamente de opinión en tan poco tiempo, podría ser sin duda, la manipulación a la que es sometida la muchedumbre. Como sucede también en nuestros días, hay personas que carecen de sentido crítico, y tienden a plegarse a la “opinión pública”, a “las redes sociales” a “lo que dicen los demás”, dejándose arrastrar fácilmente en sus opiniones y acciones por lo que “la mayoría” piensa o hace. ¿No hacen lo mismo hoy muchos enemigos de la Iglesia que hallando eco en los poderosos medios de comunicación social presentan “la verdad sobre Jesús” para que muchos hijos de la Iglesia griten nuevamente “crucifíquenlo” y “crucifiquen a Su Iglesia”? En el caso de Jesús, como en muchos otros casos, la “opinión pública” es continuamente manipulada hábilmente por un pequeño grupo de poder que quiere quitar a Cristo de en medio.

En estos días de la Semana Santa, sacrifiquemos nuestra vida por El. No basta recoger palmas benditas este Domingo de Ramos, no basta visitar a Cristo expuesto solemnemente el Jueves Santo, no basta siquiera pensar en los sufrimientos de Cristo durante la ceremonia del Viernes Santo. Todo esto es necesario, pero todo tiene que llevarnos a imitar a Cristo en esa cruz, que Él nos pide para poder salvar nuestras vidas.

La lectura de la pasión, nos debe ayudar a descubrir el drama que hoy vive la humanidad y nuestra actitud hacia ella. No se proclama la Pasión de Jesús para contemplar o imaginar un espectáculo sangriento que nos muestra cómo unos hombres malos mataron al Hijo de Dios. Tampoco se proclama para que los fieles lloremos desgarradamente por el “pecado de Adán”, ni para sentirnos culpables porque en esa cruz pesada. No podemos olvidar que Él cargó con nuestros pecados. Aceptar nuestra propia cruz nos cuesta mucho, pero nos puede ayudar a llegar hasta Dios.

Abramos nuestros oídos, nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para descubrir, en la lectura de la Pasión, nuestra propia realidad. Tal vez nos podríamos identificar con el que traiciona y vende a su amigo, a su familia, o a su pueblo por dinero. O el hombre que facilita su casa para celebrar la cena pascual y provee generosamente para el compartir fraterno. El miedo de los discípulos ante el peligro; la falsa promesa de Pedro de acompañar a Jesús y estar dispuesto a morir con él, y la negación posterior. La debilidad en la oración por parte de los discípulos.

Hoy empezamos una semana de gracia, aprovechemos identificándonos con Cristo.

Que la Pasión de Cristo, los acompañe hoy, proteja y bendiga siempre.

cpomah@yahoo.com

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