META DEPORTIVA
Se acerca la Navidad 2025
CON ADN DEPORTIVO
Ángel Domínguez Niebla
Luego de dos décadas de sufrimiento para mi familia, por fin, en este 2025 llegó el momento de volver a disfrutar y emocionarnos en la espera de la Navidad, tal como sucedía con el “Angelito” que tenía en casa a papá y mamá.
Mi época favorita del año durante mi infancia y adolescencia se convirtió en una pesadilla que me obligó a intentar encontrar el motivo de ese repentino efecto negativo en mi vida para librarme de ese pesar.
Ni las terapias psicológicas, pláticas con mi esposa, amigos y pastores funcionaron para poder descubrir el motivo por el que me costaba tanto trabajo afrontar las fiestas decembrinas.
Todo solía empezar con el cambio de hora -entre octubre y noviembre- y una vez que el sol se ocultaba, me invadían las ganas de llorar sin motivo y el temor se apoderaba de mí afectando mi ánimo, acortando las horas de sueño y dificultando la relación con otras personas.
Hubo Nochebuenas en las que aprovechaba la salida de mi familia a las compras finales, para esconderme y quedarme solo sufriendo, sin saber cómo “atacar” ese mal al que yo mismo le abrí la puerta, aunque como por arte de magia, desaparecía el 26 de diciembre.
Así fueron pasando los años hasta alcanzar alrededor de 20, cuando decidí sanear situaciones que consideraba como nocivas, y por consecuencia, afectaban a las personas que amo.El primer paso fue reencontrarme con gente cercana que por falta de tiempo dejé de frecuentar, pero, sobre todo, dejar en el pasado los juicios, críticas, chismes, insinuaciones, rencores y contiendas del pasado que no me permitían sentir paz en el corazón.
Quedó tachado de mi vocabulario ese dicho tradicional “yo perdono, pero no olvido”, ya que, de ser así, no sirve de nada, debido a que no se rompería esa cadena que contamina nuestra alma y espíritu al continuar guardado ese resentimiento dentro de mí.
Al modificar lo que no estaba funcionando, ya tranquilo, feliz, comprendiendo y apreciando lo bueno de aquellos con los que me toca convivir, se manifestó esa revelación que espere por tanto tiempo.
Ese remordimiento y miedo que me daba la posibilidad de que reapareciera el “viejo” Ángel, me tenían “secuestrado” sin dejarme gozar de lo verdaderamente valioso.
Como parte de mi tratamiento personal para acabar con los traumas, entré a la “máquina del tiempo” para regresar a mi niñez y recordar a Don Ángel y Doña Lilia haciendo los preparativos para la cena navideña.
Mientras Ángel Ricardo, Marco Antonio y Francisco Javier veíamos los clásicos: Frosty the Snowman, Frosty’s Winter Wonderland, Rudolph the Red Nosed Reindeer, Santa Claus is Coming to Town, The Stingiest Man in Town y Mickey’s Christmas Carol, esperando que las horas transcurrieran lo más rápido posible para abrir los regalos.
Gozando de sanidad, ya solamente hay que comenzar la cuenta regresiva rumbo al miércoles 24 para recibir una nueva oportunidad de redimirme ante los míos.
Son muchas las horas desperdiciadas, sin embargo, dice el dicho que “más vale tarde que nunca” y que así sea.
Feliz y bendecida Navidad para quienes leen esta columna, y para los que no, también.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
Romanos 12:2
...
