META DEPORTIVA

Entre trampas y medallas

jueves, 4 de septiembre de 2025 · 00:00

COLUMNA CORRIENDO SIN PRISA  

POR JESÚS MUCHACHO PERALTA

Cortar camino en una carrera atlética recreativa o competitiva no es novedad ni cosa nueva. Siempre ha existido, y más si la medalla es atractiva para estar dentro del medallero de colección. La diferencia del ayer y de hoy, es que en el ayer competías por la medalla, porque solo el organizador mandaba hacer el 50 por ciento o sesenta de su participación esperada. A veces el evento tenía tanta respuesta que faltaban medallas podían sobraban a falta de participantes. 
Pero, ¿cómo se hacía la trampa antes para tener la presea de participación sin tanto ruido? Si de última hora te animabas a participar, el día del evento llegabas al punto de inscripción y preguntabas cuántos inscritos había, si los inscritos eran menor que las medallas a entregar, entonces te inscribías y con muleta, enyesado, agripado o con el malestar que trajeras, arrancabas con el contingente a la hora de salida y te ibas quedando hasta el último en el primer kilómetro. Esperabas ahí a que pasaran de regreso los primeros seis o siete de tu categoría y posteriormente te metías nuevamente, cruzabas la meta, recibías la medalla y la guardabas en tu bolsillo.  
Aunque, si había camarógrafos en aquel entonces, al momento de la foto del recuerdo con los compañeros, no te colgabas la medalla, a manera de respeto. Obviamente esto, repito, recalco y aclaro, lo veías hacer cuando las medallas sobraban.  
En caso de haber menos medallas y más inscritos, ya era la decisión propia de inscribirte o no y dependiendo la lesión que trajeras, tomabas la decisión de participar y competir por la dichosa medalla. No digo que estuviera bien este hecho, lo que quiero decir con esto, es que antes si había un respeto propio y por los demás. 
Sin embargo, antes la mayoría estaba en un club deportivo y los entrenadores estaban muy atentos a que su gente no hiciera trampa, pues enseñaban también que los valores de cada persona eran más importantes que el prestigio de una marca o renombre y que tu compañero aunque fuera de equipo contrario, merecía respeto; al que hacia la trampa, se le ayudaba a trabajar, entrenar y hasta se le daba plática motivacional para que su próxima medalla fuera ganada con el sudor de su frente y con ritmo imparable. 
Después de la pandemia, la cosas cambiaron. Ahora hay medallas para todos, prácticamente la compras, no la ganas compitiendo, la ganas participando sea corriendo, trotando, caminando o gateando y eres igual o más aplaudido que el que llegó mucho antes que tú. Hoy la mayoría es corredor recreativo libre, o sea, sin equipo. En su mayoría son de una nueva hola de participantes que desconocen las reglas escritas y las no escritas.  
Coaches hay muchos. Lo que falta son entrenadores que se enfoquen en enseñar el oficio del deporte o habilidad específica, dando instrucciones claras y demostrando cómo hacerlo, corrigiendo errores de práctica, valores e  instruyendo con sus experiencias y conocimientos adquiridos. Quizás falta voltear al pasado y retomar algunas cosas para corregir el presente. 
El pasado domingo 3 mil almas cruzaron la línea de salida en el Maratón de la Ciudad de México, donde se esperaba que todos completaran el recorrido en esta ocasión. Sin embargo, se espera que en este año, sobrepasen los 1 mil cien tramposos del año pasado. Hoy, todos exhiben a los tramposos, pero nadie exhibe aún una propuesta para encaminarlos a que se preparen para que su reto sea terminarlo completo. 
Entre trampas y medallas, ¿Qué es lo que estamos haciendo mal?

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