Meta Deportiva

Alcanza su sueño en tierras lejanas

El joven pugilista porteño, Maximino Flores Rodríguez, se coronó campeón del mundo tras 14 años de esfuerzo, constancia, disciplina y dedicación
jueves, 29 de agosto de 2019 · 00:00

Ángel Domínguez/EL VIGÍA
adominguez@elvigia.net |Ensenada, B. C.

En las primeras horas del domingo 25 de agosto, Maximino Flores Rodríguez (25-4-1, con 17 nocauts) se convirtió en el primer campeón mundial de boxeo nacido en Ensenada, que de esa manera cumplió el sueño de toda una vida.

Unos años antes, Roberto “Mako” Leyva e Iván “Choko” Hernández, originarios de Puerto Peñasco, Sonora y Ciudad de México, cuyas carreras se desarrollaron en este puerto, se ciñeron coronas universales.

Luego de 14 años de esfuerzo, constancia, disciplina y dedicación, en Ciudad Quezón, Filipinas, Max derrotó por decisión técnica a Carlo Caesar “Too Sharp” Peñalosa (14-2, con siete nocauts) para apoderarse de la corona vacante mosca de la Organización Internacional de Boxeo.

“Gracias a Dios regresamos luego de casi un día de vuelo, estoy muy contento ya que íbamos con mucha confianza al sentir las vibras de mi familia y amigos”, afirmó.

Las primeras aventuras internacionales del ensenadense fueron en Filipinas en 2016 y Londres en 2017, cuando perdió frente a los locales, Milán Melindo y Andrew Selby, respectivamente.

“Algo fundamental fueron esas experiencias que influyeron, ya que no hubo miedo ni nervios, solamente confianza en nuestra preparación, en cambio, el equipo de Peñalosa se veía preocupado y asustado desde la conferencia de prensa”, subrayó.

Carlos Caesar, sobrino del dos veces campeón mundial Gerry Peñalosa, “es considerado un prospecto, la gente de su país habla bien de él, pero siempre dejamos en claro que íbamos a ganar”.

La afición de Filipinas, indicó, “es apasionada, conocedora, neutral y realista, incluso, hubo algunas personas que se acordaban de la pelea ante Melindo, me pedían fotos y me trataron muy bien”.

Al sonar la campana, detalló, “fuimos de menos a más, con el plan de moverme rápido para no dejarlo pensar, taparle salidas”; sin embargo, en el tercer asalto Max Flores sufrió una lesión en su mano derecha.

“No la podía cerrar y mi entrenador me recalcó que venimos a pelear y a ganar, así sea con una mano, tienes que ir a presionarlo y seguimos mermando la condición con golpeo abajo y disminuyendo su ritmo”, explicó.

Unos minutos después, un choque accidental de cabezas ocasionó un corte en la ceja izquierda del asiático.

“El cabezazo no fue tanto aunque con la cantidad de golpes la herida se hizo más aparatosa, es por eso que en el sexto round, el entrenador deja sentado a Peñalosa pidiendo que se pare la pelea, pero el referee dice que continúe, a pesar de que se debió haber decretado el abandono”, aseguró.

Flores Rodríguez, agregó que, “estuvieron alegando varios minutos hasta que la gente empezó a presionar porque quería pelea, la esquina contraria pensó que ya descansado mi rival podía emparejarse, sin tomar en cuenta que yo también aproveché ese tiempo, y en el séptimo él ya no quería nada”.

Al concluir el asalto, el doctor detiene el combate, que terminaría definiéndose a través de la decisión de los jueces.

“Estábamos arriba del ring cerca de donde tenían las tarjetas, había un movedero y me preocupó que la localía influyera, por eso me llevé las manos a la cara al sentir coraje, frustración, tristeza, impotencia de no poder hacer nada, eran muchas emociones esperando una sorpresa desagradable”, expuso.

La espera, añadió, “se me hizo más larga que los siete rounds, y cuando dan el veredicto, explota la emoción y el llanto, esa era una escena que soñé muchas veces, me levantaba con lágrimas en los ojos y sentí que ya lo había vivido”.

“Este triunfo se tornó aún más especial al conseguirlo fuera, en una plaza complicada y sabiendo que mi familia y amigos, de quienes recibí un sinfín de mensajes, estaban al pendiente”, resaltó.

La idea, anunció, “es descansar una semana, disfrutar a la familia, checarme la mano, el lunes comenzar a soltarnos en el gimnasio y sentarnos mi entrenador y yo a hablar del futuro, por lo pronto nos mantenemos en contacto con la gente que nos contrató”.

“Este es el principio de las cosas buenas que vienen, hay que trabajar duro y conservar los pies firmes sobre la tierra”, señaló.

Durante sus tres meses de entrenamiento, Max Flores utilizó sparrings zurdos del CAR y Tijuana para “adaptarnos al estilo de Peñalosa”.

El pupilo de Rafael Guzmán ha pasado la mitad de su vida entre cuadriláteros, guantes, peras y costales, utensilios que lo sacaron de las calles.

“Yo era un muchacho de 14 años que se la pasaba de vago, no me gustaba la escuela y llegué al gimnasio acompañando a mi amigo Genaro Zamora, y si no fuera por él no estuviera aquí, y también agradezco a mi padre todo su apoyo”, comentó.

Los deseos de superación de Flores lo llevaron de vuelta a las aulas al alcanzar la mayoría de edad, y tres años después estaba graduándose del Colegio de Bachilleres de Baja California (Cobach).

 

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