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RAÍCES

Un santuario natural El Cañón de Santa María es uno de los parajes más bellos de nuestra tierra, en medio de bloques de granito blanco, manantiales y un gran palmar; alberga a la última misión establecida en Baja California: Santa María de los Ángeles
jueves, 17 de septiembre de 2020 · 00:00

Carlos Lazcano/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com

En 1766 los misioneros fundaron la que sería la última en Baja California: Santa María de los Ángeles.

Este edificio se encuentra en uno de los parajes más bellos de nuestra tierra, en medio de bloques de granito blanco, manantiales y un gran palmar. El paraje es lo que podríamos llamar un santuario natural, y como todo santuario hay que venerarlo y cuidarlo, no dejarlo “al alcance de los puercos” que, como dice la Biblia, “podrían destrozarlo con sus patas, tal como lo hacen con las perlas”.

Llegar a Santa María no es fácil, eso es bueno. El primer obstáculo es un camino de terracería horrible, de los peores que he conocido en Baja California. Varios vehículos han quedado atorados en él. No solo es necesario tener un vehículo alto y con doble tracción; también hay que saber manejar muy bien en terrenos de gran dificultad. Muchas veces viajé a Santa María, y para no arriesgar el vehículo, preferí caminar desde Cataviña, en un recorrido más o menos fácil que lleva unas 6 o 7 horas. Es decir, se requiere una buena condición física, porque si no solo irá dando lástimas.

Además en la región hay muchas víboras de cascabel, y un encuentro con ellas no es nada saludable y puede ser mortal. Así es que lo mejor es ir con cuidado y muy bien preparado, y si no lo está mejor abstenerse. Desde luego, es indispensable ir acompañado de algún buen guía que conozca bien la región, ya que son frecuentes las personas que se han extraviado, e incluso muerto, precisamente por la falta de una persona que conozca bien la zona.

De manera muy irresponsable el sitio está siendo promovido por la Secretaría de Turismo de nuestro Estado, pero no advierte de los peligros y los riesgos que conlleva, ni de las precauciones que deben tomarse pues no existe un cuerpo de rescate.

Mejor así, inacesible
Como lo decía, esta región es una maravilla de la naturaleza. Para mí un santuario natural, y como tal debe preservarse, y por lo mismo lo primero que hay que hacer es dejarlo así, inaccesible. De esta manera, normalmente lo visitarán solo personas conscientes que harán un esfuerzo por llegar, y se darán cuenta de lo importante de cuidarlo y preservarlo.

Los santuarios son eso: sitios únicos, maravillosos, no aptos para turismo masivo, a los cuales hay que preservar a toda costa.

El Cañón de Santa María se encuentra dentro del Área Natural Protegida del Valle de los Cirios, y precisamente dentro de esta gran área se encuentra en una región de preservación especial, ya que es frágil y presenta un endemismo importante.

Recientemente visité este cañón, y nuevamente quedé maravillado con lo que vi. El camino horrible, como siempre, por lo que tuvimos que caminar un largo trecho. Es un esfuerzo que bien vale la pena. Caía la tarde cuando llegamos a los restos de la misión, que se distinguen a lo lejos, rodeados por un hermoso palmar y numerosas plantas espinosas, entre las que destacan los cardones, el garambullo, las pitayas, los cirios y el torote.

Acampamos cerca de ahí, pero no a un lado de la misión, para no afectar los vestigios. Observamos que hay personas que han hecho la fogata junto a la misión, lo cual no debería hacerse, ya que afectan la estructura y contaminan el suelo. Por la noche hizo un intenso frío, el cual aminoramos un poco con el calor de la fogata, y desde luego con un cafecito muy rico.

Al día siguiente caminamos siguiendo el curso del arroyo hacia abajo. Subimos una loma, y a un lado de la antigua vereda del camino misionero localizamos numerosos petrograbados, vestigios de los antiguos cochimí que habitaron la región. Estos petrograbados tienen diseños muy abstractos, y se encuentran sobre rocas sueltas de mediano tamaño.

Siguiendo la vereda, ya desde muy alto, empezamos a tener vistas muy hermosas del Cañón de Santa María. Este cañón fue labrado en rocas graníticas del cretácico, con una edad de más de 70 millones de años. Son claras, cremosas, de una gran belleza. Sus paredes verticales se sumen rectas hacia el fondo del cañón, que en algunas partes se puede ver. Se distinguen grandes pozas con agua azul turquesa, así como grupos de palmeras.

Seguimos caminando por varias horas hasta que empezamos a bajar por una abrupta ladera, para penetrar al fondo mismo del Cañón de Santa María. Con mucho cuidado bajamos y llegamos al cañón, y nos encontramos rodeados por gran cantidad de palmeras, sobre todo la palma azul, una especie endémica de esta región, es decir, no existe en ninguna otra parte del mundo, solo en el Valle de los Cirios.

A partir de que llegamos al fondo del cañón empezamos a caminar arroyo arriba, entre grandes bloques graníticos y un escenario fuera de serie. El granito que conforma el cañón presenta formas geométricas de gran belleza, y es realmente espectacular. En este caminar nos fuimos encontrando una serie de pozas muy bellas, todas con un agua azul turquesa, parecían albercas naturales que destacaban entre el blanco del granito. Un escenario fuera de serie. Íbamos de sorpresa en sorpresa.

Remató este recorrido con la poza de La Escuadra, la más grande y hermosa de todas. Un sitio fuera de serie, alejado, gracias a lo cual se ha preservado. Esta poza tiene una pequeña playa de fina arena blanca, en la cual es posible retozar. Aquí bebimos agua de un manantial y brindamos porque esta poza permanezca así siempre, hermosa y virginal, lejos de las grandes masas turísticas.

Aquí estuvimos un buen rato disfrutando del sitio, fotografiándolo y reflexionando sobre el privilegio de estar en él.

Fue hace 27 años la primera vez que recorrí este cañón y conocí esta poza. En ese tiempo recorrimos a pie toda la península, en un viaje memorable que nos llevó por parajes de ensueño como éste.

Caía la tarde cuando volvimos al campamento, en las cercanías de la misión de Santa María de los Ángeles. Por cierto, a este paraje de la misión los pobladores originarios le llamaban “Cabuja-kaamang”, que significa “manantial”.

Visitante responsable
En este recorrido, así como en todos los que hago, apliqué las reglas no escritas de los que amamos la naturaleza: No tomar nada, más que fotografías; no matar nada, más que el tiempo; no dejar nada, más que las huellas de los pies. Dejar el sitio sin ninguna huella de nuestra presencia y llevarnos todo, incluso la basura que generamos. Por desgracia no todo mundo aplica estas reglas, de ahí que se deban proteger y no hacerlos accesibles a todo mundo.

Finalmente exhortamos a las autoridades turísticas a ser más conscientes al promocionar sitios aislados, indicando las condiciones de los caminos o cuando no los haya; indicando cuando haya presencia de víboras de cascabel o de otros animales de los que debería cuidarse la gente; indicar otros peligros y riesgos inherentes al aislamiento; indicar cuando no existan grupos de rescate, como en el caso aquí señalado; no promover masivamente áreas frágiles, como la de este cañón, cuya prioridad es la conservación, así como prohibir el uso de motos y cuatrimotos en este tipo de sitios, como el Cañón de Santa María; promover que no se tire basura y siempre se acompañe por guías locales que conozcan bien la zona; indicar siempre cuando falten servicios, como letrinas y otros. Se debe evitar a toda costa la promoción turística irresponsable, la que puede poner en riesgos y peligros a los visitantes.

Para visitar sitios como el Cañón de Santa María debemos ser visitantes responsables para cuidar y preservar la naturaleza y permitir que futuros visitantes puedan disfrutar de estas maravillas.
 

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