Miradas

Rondero y sus días oscuros en Tijuana

La ópera prima de Astrid Rondero, producida por Fernanda Valadez, muestra la historia de una arquitecta atormentada por algo en su pasado y a una joven que lucha por la custodia de su hija
jueves, 1 de abril de 2021 · 00:00

AP
Ciudad de México

La directora mexicana Astrid Rondero capturó la esencia del thriller psicológico en la cinta Los días más oscuros de nosotras, a través de recuerdos vagos, una sensación de acecho y el dolor de sus personajes.

La historia fronteriza sigue a una arquitecta atormentada por algo en su pasado y a una joven que lucha por la custodia de su hija.

Rondero comparte que buscaron trabajar con la estructura de la memoria, y cómo a veces un evento traumático puede bloquearse. “Justo queríamos hacer ese tipo de thriller psicológico donde el personaje lo que tiene que hacer es ir en busca, en los corredores de la memoria, de esas piezas que faltan para entender su pasado”.

Ópera prima fronteriza
La película finalmente se exhibe en salas de cine mexicanas luego que los cierres más recientes debido a la pandemia aplazaron su estreno. Para Rondero, es un largo camino recorrido desde que comenzó a escribir su ópera prima en 2012 y filmarla en 2017.

La historia se desarrolla en Tijuana, la ciudad mexicana fronteriza con Estados Unidos conocida por su violencia, que a la vez tiene un aire misterioso con su bello paisaje desértico a la orilla del mar. A esta ciudad regresa la arquitecta Ana después de muchos años.

“Creo que la película no se puede explicar sin Tijuana”, dijo Rondero, quien conoció esta ciudad trabajando en otros rodajes. “Me hizo prometerme que mi ópera prima iba a suceder allá”.

La actriz mexicana Sophie Alexander-Katz (Blanco de verano, Si yo fuera tú) interpreta a Ana, a cargo de la construcción de una torre en la playa. Ana mantiene su coraza ante los trabajadores de la obra, hombres en su totalidad, pero muestra su lado sensible con Lluvia, una perrita callejera a la que deja estar en la construcción.

“Lo que es muy bonito de los personajes en general, de Astrid y en particular de mi adorada Ana, es que se permiten ver su vulnerabilidad”, dijo Alexander-Katz. “Ana es un personaje que viene a confrontarse con su pasado, un pasado del cual huyó y que inevitablemente la alcanza”.

Ana renta su casa de la infancia a Silvia (Florencia Ríos), una joven mujer, madre de una niña, que representa la compleja relación entre México y Estados Unidos sintetizada en Tijuana.

Silvia está atrapada entre los sistemas legales de ambos países, peleando por la custodia de su hija, sin recursos, con la barrera del idioma, y estigmatizada por trabajar en un club de desnudistas, presentes en la ciudad desde hace décadas.

Apoyo entre mujeres
Si bien las historias de mujeres precarizadas abundan en el cine, Rondero buscó presentar esta vida a través de su mirada, y al hacerlo desmontar los estereotipos que las presentan solo como objeto de deseo masculino.

Rondero reflexiona sobre una escena en la cual la cámara muestra a los hombres y sus gestos, mientras ven bailar a Silvia. Indica que mostrar la perspectiva de una mujer en situaciones así, obliga a reflexionar.

Cuando Ana conoce a Silvia, empieza a gravitar hacia su vida y se enamora de ella.

Para Rondero y la productora Fernanda Valadez, era importante dar una representación auténtica y natural de ser lesbianas, comunidad a la cual respaldan.

“Estoy muy feliz como realizadora que cada vez más nuestro cine no nada más se tiene que centrar en salidas de clóset”, dijo Rondero. “Sino que ya tenemos discursos de todo tipo”.

Rondero produjo a su vez la película de Valadez Sin señas particulares, galardonada como mejor cinta internacional en los Premios Gotham. El siguiente proyecto de ambas, en el que ya trabajan, será sobre un niño huérfano por la guerra contra el narco.
 

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