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20 años de pluralidad Parte I El Acuerdo de Esopo

El 1 de septiembre de 1997 se inauguró la era de los “gobiernos divividos” o “gobiernos compartidos” con la pérdida de la mayoría absoluta del PRI en San Lázaro, se dio el paso a la pluralidad. ¿Tenemos hoy un mejor congreso?
miércoles, 6 de septiembre de 2017 · 00:00
ERNESTO NÚÑEZ/AGENCIA REFORMA
Ciudad de México

Lo llamaron el "Acuerdo de Esopo”, pues se firmó en la casa de Santiago Creel, ubicada en esa calle de Polanco. En ocho puntos, aquel documento plasmaba el anhelo de autonomía de una Cámara que, por primera vez en la historia, tenía menos de 250 diputados priistas.

"La Cámara de Diputados deberá consolidar su independencia y autonomía a través de nuevas prácticas parlamentarias que atiendan a principios democráticos, en donde rijan los acuerdos logrados por la pluralidad de fuerzas políticas y no por la voluntad de un solo grupo y, menos aún, por las de un poder ajeno al Congreso”, señalaba el primer punto del acuerdo firmado el 13 de agosto de 1997.

Las elecciones legislativas del 6 de julio de ese año habían arrojado un resultado inédito: el PRI obtuvo menos del 40 por ciento de los votos, y el PAN y el PRD, más del 25 por ciento cada uno. Traducida en diputados, la votación dio como resultado una Cámara en la que el PRI tendría 239 curules y la oposición 261 (125 del PRD, 121 del PAN, 8 del Partido Verde y 7 del PT).

Ante las resistencias del PRI, que se negaba a aceptar su condición de "primera minoría”, los líderes de la oposición firmaron un acuerdo que tenía como fin último sentar las bases para una nueva organización del Congreso.

"La primera presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara recaerá en un diputado de oposición”, se señalaba en el cuarto punto del Acuerdo de Esopo; lo que resultó inaceptable para los priistas Emilio Chuayffet, entonces secretario de Gobernación; Humberto Roque Villanueva, dirigente nacional del PRI, y Arturo Núñez Jiménez, coordinador de la que sería la fracción parlamentaria priista.

El acuerdo sugería una nueva forma de gobierno en el Poder Legislativo. Sepultaba la vieja Gran Comisión, con la que el PRI había ejercido el poder en el Congreso durante décadas y, a cambio, habilitaba la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política (CRIP), una instancia integrada por los coordinadores de los cinco grupos parlamentarios, que dirigiría la actividad legislativa a partir del consenso de todas las fuerzas.

El documento planteaba reglas para la integración de la Mesa Directiva, Comisiones y Comités; para la entrega de las instalaciones y activos de la Cámara; para el nombramiento de funcionarios y para el formato del Informe Presidencial -el tercero de Ernesto Zedillo-, que debía ocurrir el 1 de septiembre, al instalarse la LVII Legislatura.

"Dicho formato deberá ser republicano, fundado en el diálogo respetuoso entre los Poderes y, además, deberá garantizar la expresión plural de los grupos parlamentarios integrantes del Congreso”, se leía en el texto firmado por Porfirio Muñoz Ledo (PRD), Carlos Medina Plascencia (PAN), Jorge Emilio González Martínez (PVEM) y Alejandro González Yáñez (PT), coordinadores de lo que se conoció a partir de entonces como el "Grupo de los Cuatro” o "G-4”.

Aquel acuerdo de la oposición significó un paso fundamental en la transición democrática y, tres años después, para la alternancia; pero provocó fuertes resistencias en el PRI, que durante dos semanas mantuvo su negativa a entregar el control de la Cámara.

"CRISIS CONSTITUCIONAL”
Encabezados por Arturo Núñez (hoy gobernador perredista de Tabasco) y por Ricardo Monreal (ex gobernador perredista de Zacatecas y hoy delegado de Cuauhtémoc por Morena), los priistas mantuvieron su rebelión hasta el sábado 30 de agosto, ausentándose de la instalación de la Cámara y desconociendo la elección de la Mesa Directiva presidida por Muñoz Ledo, cuyo primer acto fue tomar la protesta a los 260 diputados opositores y convocar a los 239 priistas a tomar posesión de su cargo en un plazo máximo de 30 días.

En aquellas horas, se llegó a hablar de "crisis constitucional”.

El PRI en el Senado, la Secretaría de Gobernación y la Presidencia de la República cuestionaron la legalidad de la toma de protesta de los diputados del G-4, llamaron "espuria” a la nueva legislatura y anunciaron que los senadores priistas no acudirían a la sesión de Congreso General del 1 de septiembre, un requisito constitucional para el funcionamiento del Congreso.

Muñoz Ledo defendía la legalidad de los acuerdos de Esopo, y llamó varias veces a Los Pinos para hablar con el presidente Ernesto Zedillo, "a nombre del presidente de la Cámara de Diputados”.

Según las crónicas de la época, fue hasta el domingo 31 de agosto cuando Chuayffet aceptó las condiciones del grupo opositor: los priistas acudirían a rendir protesta el 1 de septiembre y aceptarían a Muñoz Ledo como presidente de la Mesa Directiva y a Medina Plascencia como presidente de la CRIP. Pero pedían que toda la Cámara volviera a rendir la protesta de ley, a lo que se negó la oposición.

Finalmente, los priistas cedieron; acudieron a la Cámara en la mañana del 1 de septiembre, rindieron protesta como diputados de la LVII Legislatura; a las 17:00 horas se celebró la sesión de Congreso General y, en la noche, Ernesto Zedillo rindió su Informe de Gobierno y escuchó el mensaje de Muñoz Ledo, el primer político de oposición que presidía la Cámara y daba respuesta al informe.

El "día del Presidente” moría y, según anunció Muñoz Ledo en su alocución, nacía la era en la que ningún Poder estaría subordinado a otro.

EL DISCURSO HISTÓRICO DE PORFIRIO
Por primera vez en la historia, un diputado de oposición hablaba frente a un presidente en el "día del Presidente”.

Era 1 de septiembre de 1997, y el diputado Porfirio Muñoz Ledo usaba la tribuna de la Cámara de Diputados en presencia del presidente Ernesto Zedillo, que acababa de leer su mensaje político tras entregar su Tercer Informe de Gobierno.

Fueron mil 69 palabras las que pronunció Muñoz Ledo. Para algunos, la mejor pieza de oratoria que se haya leído en el recinto de San Lázaro.

"Saber gobernar es también saber escuchar y saber rectificar. El ejercicio democrático del poder es, ciertamente, mandar obedeciendo. Lo que en última instancia significa el cambio democrático es la mutación del súbdito en ciudadano”, leyó el perredista en el momento culminante de su discurso.

Y, casi al final, citó el juramento que los Reyes de Aragón hicieran a finales del siglo XII, para recordarle a Zedillo: "Nosotros, que cada uno somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos’’.

Muñoz Ledo -que una década antes quebró al PRI al crear la Corriente Democrática y, posteriormente, el Frente Democrático Nacional que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia- fue aplaudido incluso por los priistas.

Quienes esperaban un discurso plagado de diatribas se encontraron con un presidente de la Cámara que pedía inaugurar una nueva era de diálogo, "inteligente y mutuamente respetuoso”, con el Ejecutivo federal.

"Que esta igualdad en que hoy descansa el equilibrio de las instituciones de la República se convierta en la forma de vida que heredemos a las futuras generaciones de mexicanos”, añadió Muñoz Ledo.

El mismo hombre que, en el Sexto Informe de Miguel de la Madrid -en 1988-, había intentado interpelar al presidente a gritos, ahora hacía historia: "Remontemos las comarcas de la intolerancia; mostremos a todos que somos capaces de edificar, en la fraternidad y con el arma suprema de la razón, una patria para todos”.

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