Fotografía de Ruth Gámez: La más bella historia de las luces y las sombras

martes, 31 de julio de 2018 · 17:31

Ensenada, B. C. - Esta serie de fotografías de Ruth Gámez Aguilar, “Claroscuros”, se encuentra tipificada en un rango que ofrece virtud a la agudeza analítica del blanco y al negro, para invitarnos a cuestionamientos esenciales:

¿Por qué los objetos tienen que ser la sombra de lo utilitario y no la luz de lo novedoso? ¿Cómo es que escapamos a la belleza del enigma privilegiando la segura visión de lo ordinario?

A partir de imágenes cargadas de suave misterio, luces y sombras que guardar una lógica informal, Ruth Gámez abre un diálogo que ilustra lo fotográfico más allá de lo rutinario y lo convencional.

Lo impersonal actúa como imán al ojo, platina la contingencia del orden que lo habita y nos ofrece una realidad que no acepta metáforas. Podemos observar las yuxtaposiciones recurrentes y privilegiar así los contenidos.

Me referiré, en primera instancia, a la composición de la pantalla: a través del canal de oscuridad, densidad que mantiene estáticas las hileras de lágrimas –diamantes imposibles en su cargada gravidez–, la mente consolida el goce del horizonte como algo tangible en lo bidimensional fotográfico: la probabilidad y el instante fuera de la interpretación. 

La imagen no sustituye la realidad, sino que muestra una parte esencial de su propio dominio: el contraste, la dualidad, el encuentro en el desencuentro, que absorbe la multiplicidad de lo figurativo y mantiene al objetivo en el misterio que se desea mostrar.

Perspectivas que son espejo de su propio desplazamiento, trazos que no hacen otra cosa que anular las significaciones en su expansión referida o trasferida y que concentran al observador más allá del comentario recurrente de la asociación, de esa fácil lingüística que auxilia a la estética cuando ésta se desdobla en el rayo psicológico de la interpretación.

Este gusto que Ruth Gámez tiene por el claroscuro fotográfico es una herencia fuera del oficio, un antilenguaje meditado, un recurso mimético de su imaginario de opacidades y luminiscencias, de aquello que desea poner por delante, exhibir y abrir, como en la calavera que nos tiembla las dimensiones ocultas de otro pensar.

La fotografía no es sólo regalo en la facilidad de la imagen por sí misma, sino un tributo al misterio regenerativo del equilibrio y lo que la forma devela: del contenido y su clara posibilidad. Como una declaración de principios, “Claroscuros” narra un viaje insuperable, de categoría absoluta, permitiendo el ordenamiento de la luz y de la sombra en franca alianza, color de por medio, para una nueva etapa fotográfica.

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