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Meteorito de Valle de Allende: lo más antiguo en la Tierra

Luego de analizar fragmentos del bólido, los científicos dedujeron el origen de nuestro Sistema Solar; además, que toda la Tierra y lo que contiene, incluidas todas sus formas de vida, hasta las humanas, usted y yo, somos polvo de una estrella que explotó en los inicios de la Vía Láctea
sábado, 9 de marzo de 2019 · 00:00

CARLOS LAZCANO SAHAGÚN/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com | Ensenada, B. C.

Hace poco tiempo visité uno de los sitios más interesantes de México: la región del Valle de Allende, en Chihuahua, especialmente aquella donde cayeron numerosos fragmentos de uno de los meteoritos más estudiados en el mundo. Me refiero al famoso Meteorito de Valle de Allende. Se acaban de cumplir 50 años de la llegada de este meteorito, el cual ha sido uno de los más interesantes y más estudiados.

Valle de Allende es una pequeña comunidad que se encuentra en la parte sur de Chihuahua, muy cercana a la ciudad de Hidalgo del Parral, mejor conocida por los parralenses como “La Capital del Mundo”. El pueblo destaca por la belleza de sus nogaleras y la gran cantidad de casas que se han conservado de los siglos XVIII y IXI. Se trata de un poblado hermoso, lleno de encanto.

Este pueblo empezó a ser conocido mundialmente gracias a que, durante la madrugada del 8 de febrero de 1969, hace 50 años, un gran meteorito explotó en su cielo y sus fragmentos se dispersaron a lo largo de una extensión de 50 kilómetros, siguiendo una trayectoria noroeste-suroeste.

Se calcula que al momento de la explosión, el meteorito pesaba alrededor de 5 toneladas, las que se esparcieron a lo largo de la superficie señalada. El estruendo se escuchó a varios kilómetros a la redonda y despertó a los pobladores, muchos de los cuales atestiguaron el fenómeno.

Los fragmentos del meteorito empezaron a caer en la pequeña Sierra de Almoloya y en el rancho El Cairo, que se encuentra en sus cercanías. Enseguida fueron cayendo sobre una serie de ranchos hasta llegar a la comunidad del Pueblito de Allende, y pocos kilómetros después a un lado de Valle de Allende. Más al suroeste siguieron cayendo en una serie de ranchos entre los que destacan el Torreón de Mata, la Ciénega de Ceniceros y el rancho Polanco.

Inmediato a este suceso, los pobladores de la región empezaron a recoger los fragmentos de este meteorito, y no tardaron en dejarse venir gran cantidad de científicos, coleccionistas y compradores de meteoritos. Dio principio así un mercado de fragmentos de estas rocas, que continúa hasta nuestros días.

En ese año, se preparaba la misión del Apolo XI, la que se esperaba llegara a la luna y tomara muestras de minerales lunares, por lo que ya estaban en operación laboratorios mineralógicos que podrían analizar con gran detalle cualquier muestra rocosa. Y precisamente una de esas primeras muestras que fueron analizadas y estudiadas fueron fragmentos del meteorito del Valle de Allende. Los resultados de estos análisis fueron más que sorprendentes, incluso mucho más que las mismísimas piedras lunares.

AEROLITO SORPRENDENTE
Uno de los aspectos que primero sorprendió es que este meteorito contenía compuestos de carbono, como los fullerenos y ciertos tipos de aminoácidos, los que suelen ser básicos para la vida. La sorpresa fue porque era la primera vez que se detectaban este tipo de compuestos en meteoritos, y tal fue la sorpresa que llegó a dudarse del origen cósmico del meteorito.

Fueron encontrados en muy altas proporciones tres isótopos; oxigeno 16, magnesio 26 y plata 107. Se concluyó que la presencia de estos isótopos era debida a cierto tipo de reacciones nucleares que se dan en estrellas masivas que suelen decaer en supernovas.

Gracias a este análisis se pudo deducir el origen de nuestro Sistema Solar, y además que toda la Tierra y lo que contiene, incluidas todas sus formas de vida, hasta las humanas, usted y yo, somos polvo de una estrella que explotó hacia los inicios de la Vía Láctea, nuestra galaxia.

Igualmente fueron localizadas unas estructuras esferoidales de aluminio y calcio, llamadas “condros”, las cuales pudieron datarse en una edad de 4 mil 600 millones de años. Es decir, el meteorito de Allende es más antiguo que la Tierra y que nuestro Sistema Solar, cuya edad se estima en 4 mil 500 millones de años. Y no solo eso, gracias al hallazgo de los isótopos mencionados, se pudieron detectar los mecanismos más importantes de la generación y evolución de estrellas y algunos aspectos sobre el origen del universo.

Gracias al meteorito de Allende se ha podido comprender, en buena medida, algunos de los mecanismos que dieron origen a nuestro Sistema Solar. Es difícil imaginar un viaje a través del cosmos de 4 mil 600 millones de años que terminó abruptamente hace 50 años.

La mayoría de los meteoritos que caen en la Tierra, más del 95 por ciento, proceden de nuestro Sistema Solar; sólo una pequeña parte proceden del espacio profundo, como el de Allende. Por eso, entre los coleccionistas, son muy apreciados este raro tipo de rocas, y se llega a pagar por ellos precios exorbitantes, que llegan a alcanzar millones de dólares por unos cuantos gramos. Como el meteorito de Allende se dispersó en un área tan grande, aún hoy, muy de vez en cuando, siguen apareciendo sus fragmentos, y como gambusinos modernos, algunos pobladores del Valle de Allende siguen buscándolos con esmero, ya que los compradores se siguen apareciendo.

La gente del Valle de Allende se siente orgullosa de la cita espacial que se dio en su tierra, y las historias sobre el meteorito son ya parte de su identidad y su cultura. En la presidencia municipal existe una hermosa pintura del meteorito, y en el pueblo hay un museo dedicado a este.

Además son muy conocidos varios personajes que vivieron el momento y son consultados con frecuencia sobre estos hechos. Desde luego, no pude contener mi emoción cuando me fue mostrado un pequeño fragmente del meteorito, y es que tener entre tus manos un fragmento con tal antigüedad, que nos remonta a los orígenes mismos del universo, no es cualquier cosa, y te invita a reflexionar.

TIERRA DE HISTORIAS
La Sierra de Almoloya es pequeña, formada por un conjunto de unos cuantos cerros calcáreos que se destacan sobre la llanura que rodea la región. En esta sierra hay cuevas, pueblos fantasmas, minas abandonadas, y desde luego, fragmentos de meteoritos. Es hermosa y me impresionó su aspecto. Imaginé el momento en que el meteorito, rasando el cielo, empezó a deshacerse sobre sus cumbres, iluminando la noche.

El rancho El Cairo es una pequeña comunidad formada por unas diez familias. Viven del campo, ganado y un poco de agricultura, de vez en cuando otros trabajos. Muchos de sus habitantes se van a trabajar a Parral, Delicias o la ciudad de Chihuahua, ya que ahí no hay oportunidades, o son muy limitadas. La gente, los mayores, se acuerdan bien del meteorito, y se les ilumina el rostro cuando hablan de él. Incluso, hasta los jóvenes nos rodearon curiosos cuando uno de los mayores nos habló con vehemencia del fenómeno.

Pero también fueron surgiendo muchas otras historias, como la de la cercana Cueva del Diablo, donde dicen Francisco Villa cabalgaba hasta salir a Camargo, u otra cueva más cercana aún, donde dicen escondieron la cabeza de Francisco Villa, cuando ésta fue cercenada de su cuerpo en 1925.

Esta visita a la región del meteorito de Allende fue muy aleccionadora, y aprendí mucho sobre el tema y la región. Muy amablemente me acompañó a este recorrido el ingeniero geólogo, Hugo Delgado Granados, director del Instituto de Geofísica de la UNAM, y experto en el tema meteorítico y fue nuestro guía el señor don Antonio Holguín, cronista de la ciudad de Jiménez, Chihuahua, cercana a la región de Valle de Allende, a quien agradezco profundamente el acompañarnos y darnos a conocer tantas maravillas de esta parte del sur de Chihuahua.
 

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