Principal

Leonardo revisitado

“La Gioconda”, robada del Museo del Louvre en 1911, brindó una gran popularidad a su autor al ser noticia en todos los diarios franceses
miércoles, 1 de abril de 2020 · 00:00

José Carrillo Cedillo/COLABORADOR
jcarrillocedillo@hotmail.com | Ensenada, B. C.


La mañana del 21 de agosto de 1911, París amaneció sobresaltado; de hecho toda Francia, pues en los periódicos los titulares daban cuenta del robo de “La Gioconda”, del Museo del Louvre.

Quizá tendremos que aceptar que la popularidad del genial Leonardo Da Vinci se incrementó con ello notablemente; del reducido círculo intelectual que lo conocía, a una capa más amplia del círculo social, en particular del mundo occidental.

Las autoridades del museo estaban avergonzadas por su débil vigilancia, por lo que decidieron cerrarlo durante una semana; cuando lo abrieron de nuevo se sorprendieron porque el número de visitantes se incrementó muy sensiblemente, pero se percataron de que no acudían a ver las obras pictóricas como siempre, sino que conteplaban el hueco en la pared que había dejado el robo de la Mona Lisa.

La policía francesa se puso a trabajar de inmediato y solicitó ayuda prácticamente a todas las policías del mundo: las investigaciones a nivel francés dieron como resultado, según sus archivos, que los principales sospechosos eran los integrantes de la banda conocida como Los Picassos.

El nombre tan peculiar de la banda se debió a que meses antes un ciudadano belga, llamado Joseph Géry Pieret, robó del mismo recinto dos estatuillas y se las ofreció a Picasso, quien a sabiendas de su origen robado se las compró en 50 francos.

Para entonces, Fernande Olivier, amante de Picasso en ese momento, comentó que se habían arrepentido y habían decidido arrojarlas al Río Sena; pero el poeta Guillaume Apollinaire, amigo del pintor, sugirió mejor venderlas; luego de aceptar Picasso, Apollinaire intentó venderlas y fue aprehendido por la policía.

Todo esto quedó en el historial pero además se detuvo a Picasso y a Apollinaire en relación con el robo de La Gioconda, porque había constancia de discursos de ambos en apoyo a la posición de Marinetti con respecto a que él proponía quemar los museos con todas las obras que contenían, a efecto de dejar espacios libres para exhibir el nuevo arte.

El tiempo transcurrió y la ayuda mundial dio resultado encontrando el cuadro en Italia, siendo aprehendido un italiano de nombre Vincenzo Peruggia, quien trabajó en el museo y robó el cuadro cubriéndolo con su bata de trabajo, declarando a las autoridades francesas que lo había sustraído para llevarlo a Italia, donde debía estar ese cuadro.

Señora misteriosa
Ahora veamos la historia del cuadro de la Mona Lisa; fue pintado por Leonardo, uno de cuatro retratos que hizo en su vida, y lo pintó entre 1503 y 1505; óleo sobre tabla de álamo blanco que mide 77 centímetros de alto por 53 de ancho. Su gran fama se debe supuestamente a la sonrisa, de la cual los críticos dicen: muestra calma regia, mezcla de conquista y seducción; es como una aparente bondad que oculta algo cruel, es buena y a la vez malvada, compasiva, gentil y felina.

Tres años tardó Leonardo en pintarla, lo más difícil fue distraer a su modelo y que no se aburriera. Ella se llamaba Lisa Gherardini, era esposa del rico comerciante Francesco Bartolomeo de Giocondo.

La mayoría de las personas buscan la sonrisa y no se percatan del excelente dibujo de las manos cuya posición nos indica que la modelo estaba sentada.

Mona significa en italiano, señora. Vivió en Florencia y tenía 24 años cuando posó para Leonardo.

Científicos italianos secuenciarán el ADN de restos óseos que pueden pertenecer a ella, van a compararlos con sus familiares enterrados en Florencia y con dicha secuenciación, a partir de su genoma, podrán reconstruir su rostro.

Pero hay algo, un detalle que no es muy conocido, cuando Leonardo terminó el cuadro, invitó a Rafael “El Divino” a su estudio y dice la leyenda que cuando el artista descorrió la tela que cubría el caballete, Rafael irrumpió en llanto ante la belleza del cuadro.

También hay que comentar que cuando se lo entregó al señor Francesco, no le gustó en absoluto argumentando que la Mona estaba muy gorda y cachetona, yo sospecho que más bien ella fue la que al verlo se sintió gorda, pero el caso es que don Francesco se negó a pagarle a Leonardo y él conservó la obra.

Habrá que mencionar que la señora acababa de tener a su tercer hijo, y la famosa sonrisa Leonardo ya la había ensayado en un cuadro anterior y en mi opinión, un cuadro más hermoso que el de la Gioconda es la Dama del armiño, que también tiene una historia muy interesante.

Las innovaciones técnicas de la Gioconda inventados por Leonardo, incluido el sfumato (consistente en no definir las sombras causadas en el rostro de manera que los contornos se suavicen) fundaron una modernidad que inspirará -desde Rafael a Ingres, desde Corot a Delacroix- a decenas de artistas; algunos insolentes:

Marcel Duchamp le pinta bigotes en su ready-made de 1919 y Dalí se hace fotografiar en Gioconda con bigotes, sin olvidar que todos sus personajes femeninos, de Marilyn Monroe a la Thatcher fueron caricaturizadas en Gioconda en la portada del New Yorker, y Nat King Cole le puso letra a una canción dedicada a ella. Napoleón Bonaparte la tuvo colgada en su habitación de las Tullerías.

De regreso a casa
El cuadro regresó a su sitio en el museo y ahora se encuentra protegido por un grueso cristal antibalas y sigue siendo la principal atracción, más de cien años después del robo, para que miles de turistas de todo el mundo, entre 5 y 6 millones al año, visiten el Louvre y se fotografíen con él, obnubilados por la sonrisa.

Y todo por un cuadro sin fecha y que ni siquiera está firmado e incluso Vasari, biógrafo de Leonardo, dice que está inconcluso.

Al ladrón italiano lo condenaron a un año más 15 días de cárcel; de la famosa banda de los Picassos ya nadie se acordó; por cierto, Picasso se encontraba pintando en esos días su famosísimo cuadro “Las Señoritas de Avignon”, y la policía los dejó en paz porque tiempo después estalló la Primera Guerra Mundial.

La fama de “La Gioconda” se debe supuestamente a la sonrisa, de la cual los críticos dicen: muestra calma regia, mezcla de conquista y seducción; es como una aparente bondad que oculta algo cruel, es buena y a la vez malvada, compasiva, gentil y felina.

Galería de fotos

Comentarios