La cultura de los derechos humanos (Tercera parte)

Por Heberto Peterson Legrand
domingo, 25 de septiembre de 2016 · 00:00
Siguiendo con el tema de los derechos humanos que, como dije en la primera parte, estamos comentando superficialmente, pero con el interés de que sean de utilidad y comprensión para todos, hoy hemos de tratar sobre el derecho a la libertad.

La libertad, como todos saben, consiste en autodeterminarse, es decir, en la capacidad de elegir y decidirse.
Por la voluntad libre el hombre debe poseerse a sí mismo. Desde luego que a mayor libertad existe también mayor responsabilidad, pues la libertad no es hacer lo que dé la gana sino hacer lo que se debe hacer, es decir, aquello que perfeccione, aquello que no dañe y que sea bueno.

La ley y la libertad deben equilibrarse. Una ley férrea, dura e injustificada, lleva a la tiranía. Así también una libertad ilimitada lleva al libertinaje y al desenfreno moral, como lo sabe cualquier psicólogo serio y el estudioso de los problemas sociales  Aceptar la ley no es renunciar a la libertad, así como ejercitar adecuadamente la libertad no es rechazar la ley.

Todos sabemos que las cosas se rigen por las leyes físicas, los seres humanos por la ley natural y jurídica.
Si el hombre no es libre, debe serlo. Renunciar al ejercicio de actos libres es renegar a la propia condición humana. 
La libertad es o debe ser una vocación humana a la cual no se puede renunciar. El hombre es tanto más libre cuanto más deliberadamente y conscientemente se vincula a un principio superior.

La libertad no es desvincularse de la sociedad, como lo entendían los hippies. Se es más libre cuando sabemos vincularnos responsablemente a ella y somos sujetos activos que sabemos asumir un compromiso y luchamos para que las cosas sucedan y no estar como espectadores pasivos viendo que estas suceden, no como quisiéramos, sino como otros las provocan negativamente.

Vemos, pues, que la libertad es un derecho, pero también una obligación para que en ella y por ella nos realicemos plenamente.

Libertad de pensamiento
Tenemos el derecho a externar nuestro modo de pensar en todos los campos del saber humano siempre y cuando respetemos las buenas costumbres y la moral. Nuestra Constitución en sus artículos 6º y 7º, nos garantiza esa libertad. Desde luego que no debe quedar en un precepto sino que en la realidad cotidiana se le reconozca y se le deje ejercitar ese derecho a todo ciudadano.

Libertad política
Toda persona tiene derecho a pertenecer al partido que sea de su preferencia y ello no debe ser motivo de que se le etiquete como ciudadano de tercera o cuarta categoría.

Tampoco se debe presionar a una persona a través de medios económicos o políticos a que pertenezca a determinado partido o asociación política, como sucedía o sucede en algunos gremios sindicales.

Si bien la actividad política, en sentido amplio, es un derecho que podemos ejercitar, debemos verla también como una obligación puesto que por medio de ella buscamos el bien común y este es compromiso de todos. 

La actividad política del país requiere de ciudadanos y grupos comprometidos que vean a esta como una noble actividad cultural política al servicio de los demás y no como medio para servirse de los demás.

La escuela debe educar para la libertad responsable, para que el hombre y la mujer aprendan a jerarquizar sus valores y asuman actitudes positivas frente a la vida.

Otro de los derechos que debe ser respetado por toda autoridad es el derecho a la libertad de asociación 
Sólo en las dictaduras este derecho no se puede ejercitar y en países que no han madurado democráticamente este se ve con cierto recelo y lejos de alentarse se desalienta.

A través de estas asociaciones es como se logran formar grupos u organismos intermedios que dentro del tejido social desempeñan un papel de primer orden.

El hombre y la mujer participando en estos organismos logran unir esfuerzos para alcanzar metas que le sería imposible o difícil de obtener individualmente. Por otra parte logra desarrollar su sociabilidad participando en las diferentes actividades, adquiere el sentido de responsabilidad, aprende a trabajar en equipo, a ser más solidario llevándolo todo ello a un mayor proceso de maduración personal.

Otra de las grandes ventajas de participar en los grupos intermedios es que se logra tener una mayor interlocución tanto con organismos mayores como con el gobierno, logrando así ser escuchado y tomado en cuenta.

Son los organismos intermedios el medio ideal para que el hombre ejerza el derecho de asociación logrando también con ello obtener una mayor capacitación y ejercitar los liderazgos.

Derecho a la integridad física
Es increíble que en este siglo, en el que tanto se habla de los derechos humanos, sea la tortura tanto física como moral una realidad que no se ha logrado erradicar. El ciudadano en diversos países espera que las corporaciones policíacas estén para protegerlo, sin embargo, son éstas muchas veces el instrumento para torturar y atropellar la dignidad de la persona humana.

Los gobiernos deben tomar las medidas necesarias para integrar las corporaciones policíacas con personas que tengan un elevado respeto a la dignidad de la persona humana, con un perfil diferente para que se dignifiquen las mismas corporaciones y los ciudadanos sientan respeto por ellas, protegidos y no asustados.

Lo que si hay que cuidar es  no convertir al delincuente en víctima, a quien a veces las organizaciones de Derechos Humanos parecen defender más que a la verdadera víctima de la delincuencia. 

Si quiero reflexionar sobre lo siguiente para concluir este tema: es importante que se tome conciencia de la urgente necesidad de hacer realidad la promoción de la persona humana y sacarla de la pobreza la miseria y la incultura en que se encuentra, porque una persona que esta angustiada por sus problemas económicos y que padece hambre ¿puede acaso pensar en sus derechos?, ¿ tiene la suficiente energía o su condición de miseria en que vive ocupa toda su atención?, ¿una persona que vive en la incultura conoce sus derechos? ¡claro que no! 

Los derechos humanos no deben ser sólo brillantes declaraciones sino una verdadera toma de conciencia del problema y la decisión firme y sin claudicación para hacerlos realidad en nuestras sociedades.

Nuestra generación tiene una grave responsabilidad de heredar a la que sigue un mundo más habitable, más digno para que el día de mañana nuestros hijos no nos echen en cara nuestra falta de compromiso, nuestra falta de valor, nuestra apatía e incapacidad.

Finalmente refiero los derechos humanos que menciona la encíclica "Pacem in Terris”, del papa Juan XXIII, los cuales son derecho a la vida, a la integridad personal, a no sufrir mutilación física o psíquica, a no ser maltratado o torturado, a no ser condenado sin previo proceso, a la intimidad de la vida privada, al secreto de la correspondencia.

Además de derecho a la inviolabilidad del domicilio, al buen nombre y fama, a la libre expresión del pensamiento, a la información, a elegir la residencia y a trasladarme de un lugar a otro, a practicar la religión que en conciencia elija, a la educación, al trabajo y la justa retribución, a la propiedad privada del fruto de su trabajo, así como al descanso, a la asistencia médica, a la seguridad en la vejez y enfermedad, a la vivienda digna, a asociarse, a utilizar el propio idioma y a vivir según la propia cultura.

El reconocimiento y la garantía del ejercicio de este conjunto de derechos humanos son exigencias éticas de la Persona.  

Escritor ensenadense. 

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