Tóxicamente imperceptible

domingo, 03 de diciembre de 2017 · 00:35

Anna Pia Mijares-Mastretta*

En el recorrido del súper mercado caminas entre los pasillos y sea cual sea el tipo de producto que elijas, seguramente estará envuelto en plástico: el queso, el pan, la mayonesa, el jabón para lavar la ropa, los frijoles, ¡las verduras! ¡Todo está envuelto en plástico!

En casa, después de ordenar la compra, tienes que lidiar con la fastidiosa tarea de deshacerte de todo ese plástico que el mercado te entregó sin haberte preguntado.

¿Lo más fácil? Hacerlo bolita y meterlo al bote de basura. Pero, aunque tú no te enteres, ahí no acaba la cosa.

De todo ese embalaje plástico del que te saturaron en una hora, sólo un pequeño porcentaje será transportado adecuadamente al relleno sanitario, o con mucha suerte, a un centro de acopio para ser reciclado, y permanecerá ahí por cientos y cientos de años.

Plástico playero

Gran parte de esa “basura plástica” se fugará lentamente con la ayuda del viento, de algún animal o personas hasta llegar a las playas y al mar. La peor parte no es cuando vas a la playa y te encuentras con ese cerro de basura –sin imaginar que esa basura ¡puede ser la tuya!–, sino cuando ese plástico regresa a ti y a tu familia en una forma tóxicamente imperceptible.

La mayor parte de estos plásticos playeros se fragmentarán en pequeños y diminutos pedacitos que lograrán “mimetizarse” con el alimento de diferentes animales.

¿Has escuchado que las tortugas se han comido bolsas plásticas al confundirlas con medusas?, ¿o que hay islas repletas de polluelos de albatros moribundos porque sólo tienen plástico en sus estómagos?, ¿o que los llamados microplásticos se mezclan con los pedacitos de alimento, entran a la cadena alimenticia y terminan en nuestros platos y eventualmente en nuestro estómago?

Comer plástico no es lo más sano del mundo. Además, el problema no es solamente un pedacito de plástico morado rondando tu sistema digestivo, sino la cantidad de tóxicos que ese fragmento morado está dejando en tu cuerpo. Los plásticos atraen muchos químicos que son dañinos para la salud.

¿Pero cómo evitamos comer plástico?, ¿cómo evitamos que nuestras playas parezcan un basurero cuando las visitamos?, ¿cómo evitamos que miles de animales fallezcan a causa de los plásticos que abandonamos en la playa y en el mar?

Aunque suena difícil, la realidad es que sí podemos tomar acción, aunque sea una. En la tienda: “sin popote”; en el súper: “no necesito la bolsa”; en la comida para llevar: “no quiero cubiertos”; en la pescadería: “traje mi recipiente”; en el restaurante: “no quiero agua embotellada, sólo un vaso con agua”; en la playa: “me llevo mi basura”.

La siguiente vez que sientas algo “raro” en el estómago, piensa en ese pedacito de plástico morado y decide ¿con qué acción comenzarás?

Más información: 
http://www.chrisjordan.com
Campaña en FB: #MaresLimpios
* Estudiante de la Maestría en Manejo de Ecosistemas de Zonas Áridas, UABC.

 

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