Crónicas ensenadenses Tercera parte

domingo, 12 de febrero de 2017 · 00:37
Por Heberto Peterson Legrand

Un nuevo amanecer con un día despejado y clima muy agradable que nos invitaba a seguir con nuestros recorridos por Ensenada, la ciudad más antigua del estado.
Tomamos la carretera hacia el sur y dimos vuelta a la derecha donde decía Estero Beach que es un campo turístico junto al mar, propiedad de la familia Novelo. 
Es un lugar, un campo turístico muy agradable que cuenta con todos los servicios de hotelería restaurante, canchas y un museo único en su género en todo el estado. 
Donde está el hotel es la entrada del mar hacia la laguna costera, al frente del hotel se observa la barra del estero y es un lugar donde llegan muchas aves y en la arena se ve la famosa lobera del estero que es donde viven muchos lobos marinos.
Nos estacionamos y dirigimos al restaurante para desayunar mientras disfrutábamos la vista al estero y al mar abierto. 
Antonia disfrutó unos chilaquiles rojos acompañados de unos ricos frijoles y un jugo de naranja, yo de unos huevos rancheros con frijoles muy sabrosos y al final tomamos café acompañado de una canasta surtida de rica variedad de pan dulce.

Recorrido a través del museo 
Salimos a caminar por el andador que está pegado a la playa mientras gozábamos de una hermosa vista al tiempo que cargábamos nuestros pulmones de aire puro.
En el recorrido nos dirigimos al museo que con mucho cariño, devoción y perseverancia formó don Benjamín Novelo Silva. 
En el trayecto observamos unas palmas azules que son endémicas de Baja California. Nos contaron que unos franceses que se hospedaron en el hotel con el propósito de viajar al sur para conocerlas se llevaron la sorpresa de que allí habían unas.   
Ya dentro del museo pudimos apreciar una bella colección de conchas, algas y corales. En otro espacio vimos unas esculturas correspondientes a las culturas precolombinas empezando por la Olmeca, la más antigua y desfilando frente a nuestros ojos las civilizaciones: Maya, Tolteca, Zapoteca, Azteca apreciando un buen número de figuras y piezas de orfebrería muy bellas.
En una pared una nutrida e interesante colección de máscaras de llamativos colores y formas.
Recorrimos también el espacio correspondiente a la época de la colonia donde pudimos apreciar unas pinturas al óleo y muebles correspondientes a ese periodo.
Admiramos algunos cuadros de la destacada pintora ensenadense, Esther Aldaco,  en otros espacios, fósiles, y finalmente una interesante colección de fotografías antiguas de Ensenada.
Nos dijo, don Benjamín, sobre el  museo que éste ya ha sido visitado por ciudadanos de la mitad de los países del mundo y que continuamente reciben las visitas guiadas de las escuelas de Ensenada.

La gran Bufadora 
Salimos con muy buen sabor de boca y elogiamos la meritoria labor de presentar a nacionales y extranjeros este acervo museográfico que nos habla de la rica herencia de nuestro país y donde los estudiantes pueden enriquecer sus conocimientos.
Nos enfilamos hacia la Bufadora que está ubicada en la punta de la cordillera de Punta Banda, pasando por el pueblo de Maneadero, rico en agricultura, desde donde nos aproximamos a la cordillera recorriendo unos 20 kilómetros y en cuyo trayecto vimos algunos campos turísticos. En la parte alta de la punta vimos ya muy cerca la Isla de Todos Santos, bajamos la carretera zigzagueando hasta llegar al lugar donde se encuentra la famosa bufadora.
Estacionamos el vehículo y a pie nos dirigimos a ella. Bajamos unos escalones y en una explanada que tiene un cerco de piedra y ladrillo nos acercamos para admirar el fenómeno que es único en toda América. 
La Bufadora es una cavidad que al recibir el agua que introducen las olas y por la presión que se forma impulsa el agua hacia arriba hasta una altura de aproximadamente 20 metros o más y al desplazarse el agua en su caída moja a los observadores que se descuidan y no retroceden a tiempo. 
Los visitantes disfrutan enormemente de ésta maravilla de la naturaleza. Rolando, nuestro hijo, nos comentó de dos leyendas sobre la Bufadora. 
Una que dice que es una ballena que se quedó atorada y la otra que es una indígena Kiliwa que pide ayuda y es cuando bufa. 
Allí mismo en el espacio recorrimos tiendas artesanales, comimos los famosos churros y ya más tarde ingresamos a uno de los restaurantes donde comimos unos pulpos y pescado acompañados de unas refrescantes cervezas.
Regresamos a Ensenada, nos bajamos a caminar sobre el boulevard y gozamos de una hermosa puesta de sol que se perdía en el horizonte dejando en primer plano la isla cuya silueta reposaba sobre las aguas del Pacifico.
Nos hospedamos en el Hotel Corona que esta sobre el Bulevar. Cansados ya no quisimos cenar, nos dimos una deliciosa ducha y nos acostamos, vimos la película Argos pero el sueño no tardo en invadirnos y perdimos la conciencia para que durante el sueño viajáramos…no sé por donde.

Escritor ensenadense. 


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